El Ecosocialismo

Lunes 19 de Febrero de 2007

Roberto Grana*

Una perspectiva para los Movimientos de Emancipación en una sociedad democrática, autogestionaria y cooperativa

Al plantear el ecosocialismo como una perspectiva para los movimientos de emancipación, me refiero a movimientos sociales, culturales y políticos que aspiran a terminar con diversas formas de opresión social vinculadas a las dominaciones imperiales, políticas, de género, étnicas, culturales y de clases sociales entre otras.
Las diferentes corrientes socialistas del siglo veinte no incluyeron la visión ecológica, los motivos principales para esa desafortunada resistencia a reflexionar sobre la relación de la sociedad, la economía y la naturaleza desde la ecología, podrían ser los siguientes:
• La firme negativa a confundir los sucesos sociales con los fenómenos naturales, ante concepciones sociales darwinistas o malthusianas.
• La fuerte tendencia a reducir el socialismo al crecimiento y transformación económica.
• La centralización burocrática autoritaria
• Un dogmatismo marxista poco dispuesto a la revisión crítica, a la duda y a la reflexión sobre nuevas ideas.
Este enfoque dogmático calificó de populista la obra del gran pensador peruano José C. Mariátegui,  por la defensa que este hace de los derechos de las comunidades aborígenes y el control comunitario de la producción, como formas de transición al socialismo. Planteos opuestos a la propiedad estatal centralizada y a la colectivización agraria forzosa, como se había llevado a cabo en la URSS. Mariátegui asume esta posición sin haber conocido las cartas  de Marx a Vera Zasulich de 1881.  En esas cartas Marx estuvo de acuerdo en desarrollar el camino al socialismo respetando las instituciones comunales campesinas. Marx se aproximó al problema que planteamos al estudiar en su obra cumbre “El Capital” las condiciones ambientales en que vivían los obreros londinenses, aunque no llegó a analizar las relaciones más generales entre capitalismo y naturaleza.
Para el desarrollo de una concepción ecosocialista superadora de los errores, limitaciones e injusticias del socialismo del siglo veinte, se hace necesario revisar, entre otras cuestiones, diferentes visiones sobre las relaciones de la persona con el pueblo y la tierra. En esa dirección, resulta interesante reflexionar sobre las culturas aborígenes. Mapuche significa hombre de la tierra. El Mapuche es parte integrante junto con su pueblo, el aire, el suelo y el subsuelo del Wall Mapu, que es el territorio constituido por newén o fuerzas del universo. El Mapuche es un newén más. El mapuzungun, no es solo un idioma del che (hombre), también expresa la manera en que las newén o fuerzas cósmicas se comunican entre sí. La sabiduría del Mapuche radica en escuchar lo que dice el hermano y lo que dice la tierra.
Por otro lado los movimientos ecológicos y verdes del hemisferio norte, con una visión solo naturalista, no se han ocupado mucho de la relación entre los problemas de agresión a la naturaleza con la hegemonía de la cultura y la economía capitalista. Mientras que diversos movimientos ecológicos en los países pobres, con una concepción más amplia, no tuvieron suficiente reconocimiento hasta el asesinato, en diciembre de 1988, de Chico Mendes, líder de la lucha por la  propiedad nativa de la tierra, la defensa de las riquezas naturales de la Amazonia, y de los derechos sociales de los pueblos aborígenes.
Entiendo que las fuentes teóricas  principales que fundamentan al ecosocialismo son: la ecología general, la crítica dialéctica, la filosofía de los valores, la teoría social – económica de desarrollo a escala humana y el estudio de Carlos Marx sobre el modo de producción capitalista. Asimismo la ecología general se nutre teóricamente de la teoría general de sistemas y de la concepción sobre la complejidad y el caos.
Desde este intento de promover la concepción ecosocialista nos planteamos recuperar la visión de globalidad no fragmentada sobre fenómenos naturales y sociales de alta complejidad, este planteo por consiguiente, no puede coincidir con el mito del crecimiento económico lineal e ilimitado, con la omnipotencia de la razón humana y la ciencia, y aún menos con los nuevos mitos técnicos que todo lo podrán. El ecosocialismo, no se puede concebir sin profundos cambios en nuestra sociedad y en el ethos dominante de nuestra civilización. Como dice Morin “De su diversidad la humanidad puede extraer sus mayores tesoros, siempre y cuando recobre el secreto de su unidad, y se replantee el futuro solidariamente en una tierra que es su casa común”; “lo universal no se opone a las patrias, sino que las une concéntricamente a la patria tierra” y “ todo arraigo étnico es legítimo si va acompañado por uno más profundo a la identidad humana terrestre.”
Ante estos fenómenos de alta complejidad, entre los cuales transcurre nuestra vida cotidiana, se hace necesaria la búsqueda constante para integrar la unidad  con la diversidad, que incluye el respeto a la diversidad cultural, y la difícil resolución de un sentido ético humanitario común de paz, solidaridad, equidad, justicia y cooperación planetaria. Se trataría así, de crear las condiciones para desarrollar las mejores características de nuestra condición humana, como una de las misiones centrales del ecosocialismo, aspiración que se vincula íntimamente con la calidad afectiva de las relaciones interhumanas referidas a elevar la autonomía, la adaptabilidad, la creatividad, la autoestima y la identidad  de las personas. En consecuencia, el respeto mutuo, la amistad, la tolerancia, la solidaridad con la realización de los anhelos y deseos del otro, representan atributos indispensables de ese nuevo tipo de relaciones transformadoras.
La vida cotidiana demuestra como el individualismo mezquino enajena estos atributos, hace aparecer los aspectos más antisociales de la condición humana. Se engendra así soledad, depresión, comportamientos destructivos con debilitamiento de la autoestima y del aprecio por la vida propia y del prójimo. Ya que el desarrollo de la afectividad se vincula con la visión del otro, con el ideal de emancipación  y equidad social, con la sensibilidad artística, y con el asombro por los paisajes culturales y naturales. Asimismo, es bastante común, que se considere al trabajo obligatorio,  como la única forma de trabajo. Lo cual ha llevado a subestimar el ocio creativo, el trabajo libre, la actividad social, el hacer por vocación. Como se podría imaginar al artista que traza sombras y luces ópticas o sonoras, en esos momentos de contemplación y realización estética, preocupado por el precio de mercado que obtendrá.
Recuperar una visión más integral que nos guíe sobre el rumbo de un ecosocialismo, que contemple junto a la satisfacción de las necesidades de subsistencia y de protección material y afectiva, la participación de los ciudadanos como un factor sinérgico, que realiza la necesidad axiológica de libertad, y permite dejar de reducir la necesidad a una carencia, para generar con la satisfacción relativa de la misma, el desarrollo de las potencialidades vitales y espirituales.
Se trataría de un ecosocialismo que se fundamente en la participación política y social; en la descentralización de las de las decisiones políticas; en la diversidad y unidad planetaria; en la igualdad social, de género, de nacionalidades y etnias, de creencias y culturas diversas; en espacios comunitarios de aprendizaje mutuo; en el estímulo de la satisfacción de las necesidades y desarrollo de las potencialidades humanas; en relaciones con la naturaleza no humana, que se caractericen por criterios de cooperación, prudencia, moderación y frugalidad. Ya que este nuevo paradigma ecosocialista consiste en la visión y la dimensión ecológica de todo lo viviente y consiguientemente de todo lo humano.
Al reflexionar sobre la perspectiva ecosocialista no se puede obviar volver sobre  la cuestión del poder, problema que por lo menos nos plantea tres interrogantes: ¿qué es el poder?. ¿El poder a quienes debe pertenecer?. ¿Para que el poder?.
Estos interrogantes se responden según la concepción filosófica, ideológica y social que se asuma, y a su vez, plantea nuevas preguntas: ¿El poder es para dominar un grupo social a otro o para el hacer de personas libres?. ¿ El poder debe pertenecer a unas pocas personas o  a todas por igual?. ¿El poder se quiere para dominar a los otros seres humanos y a la naturaleza o para reconstruir el ambiente de forma democrática, cooperativa y autogestionaria?
El poder basado en relaciones interhumanas de dominación, es poder de unas personas a mandar y presionar sobre otras. Las clases o grupos sociales dominantes sostienen su poder y hegemonía política, mediante la coerción y el consenso, cuando se debilita el consenso aumenta la coerción y la represión.
Un nuevo “poder hacer” basado en relaciones sociales de igualdad, cooperación, respeto mutuo y equidad, en la propiedad social de los medios de producción o empresas y en la democracia participativa y directa, resultaría un poder colectivo para el hacer político, económico e institucional que basaría la gestión política en el intercambio de opiniones, el consenso, la consulta y en las decisiones de la comunidad.
El desarrollo a escala humana señala que la satisfacción de la necesidad de participación personal y comunitaria es la satisfacción más sinérgica de las necesidades humanas. La sinergia se manifiesta en la acción simultánea de varias fuerzas, en la conexión de varias actividades para lograr un mismo objetivo, en la cooperación que une y multiplica las fuerzas. Esto hace también, que la satisfacción de una necesidad,  simultáneamente satisface otras necesidades existenciales y axiológicas.  La democracia directa política, gremial, institucional y la autogestión estimulan la responsabilidad social, satisface la necesidad de participación y por consiguiente la satisfacción de necesidades de afecto, creación, protección, identidad y libertad.
La necesidad de comunicarse con los otros, debatir, tener parte en las decisiones, en la planificación, en la acción y en los resultados de diversas actividades sociales definen en general, el contenido de la participación más plena de las personas. Por consiguiente, la participación es la forma existencial – social – para ser, hacer, tener y estar con los otros en la resolución de las diferentes necesidades humanas. Se convierte así, en el factor sinérgico más trascendente para el desarrollo de un ambiente natural, social y cultural, que genere las circunstancias y el paisaje más propicio para  el desarrollo humano y del ecosocialismo.
Es evidente que la realización de esta concepción es inviable en la sociedad capitalista y mucho menos en su fase imperial de exclusión laboral, con creciente marginación social y diferentes pobrezas, junto con el incremento del consumo superfluo de una franja minoritaria de la población.  Afirmación esta última, que no significa negar procesos de transición nacionales y regionales. Asimismo, ante tantas frustraciones, se hace necesario agregar que como cualquier teoría, esta concepción de participación democrática plena se formula en el discurso, pero se corrobora en la práctica y en cada circunstancia desde el aquí y ahora.
La participación es parte fundamental de la condición humana, de una subjetividad que se desarrolla y demanda para poder ser,  estar con el otro, hacer con el otro. Este tipo de participación plena socialmente construida está condicionada por circunstancias históricas, culturales y naturales, pero esta libertad situada, no impide aceptar desafíos de mayores niveles de participación para la realización existencial con mayor emancipación, libertad y satisfacción relativa de las necesidades axiológicas.
Es evidente, que la falta de participación o participación parcial de las personas en los procesos institucionales, sociales, educativos, económicos y políticos genera diversas formas de alienación, de pérdida o debilitamiento de la propia identidad. La delegación en otros de la capacidad de esclarecer, decidir, hacer, entender y crear, origina las condiciones para el surgimiento de diferentes formas de enajenación.
Al ser desposeídos los trabajadores de poder decidir, de los bienes logrados por el trabajo propio y de las probabilidades de desplegar facultades y potencialidades, el capitalismo y sus formas imperiales debilita la identidad, la libertad y soberanía de los pueblos, atenta contra el desarrollo humano y simultáneamente, en pos de la ganancia máxima, degrada intensamente el hogar natural, social y cultural de las comunidades. En la actualidad la propiedad oligopólica de los medios de difusión masiva significan un apoyo decisivo para el poder económico concentrado, asestando un golpe mortal a la libertad de prensa, en la cual, con hipocresía, se escudan.

Participar, elevar nuestros conocimientos, crear propuestas, accionar por ellas, jerarquizar la estimación valorativa que indique el sentido y el rumbo hacia el bien común, y estimular la democracia participativa y directa con pluralismo político y convergencia de identidades diversas en cada institución, organización social o asamblea es una de las tareas centrales para desarrollar una cultura ecosocialista, que pueda gestar desde el seno del pueblo formas de gobierno participativas, que nos conduzcan a una fuerza social organizada, capaz de lograr la emancipación nacional y social.
Asimismo, es difícil imaginar el avance hacia el ecosocialismo, sin lograr una distribución más armónica de las poblaciones y sus diversas actividades en el espacio geográfico. Nuevas relaciones socio – naturales en el ambiente urbano,  demandan un decrecimiento poblacional paulatino de las grandes ciudades, junto al florecimiento múltiple de nuevas formas de urbanización en diversos lugares, con menor densidad demográfica y relaciones más estrechas entre lo urbano, lo rural y lo natural.
La  misión es difícil, la ventaja es que siempre se puede comenzar desde nuestras circunstancias actuales, avanzar hacia el horizonte y hallar nuevas situaciones próximas. La energía para la marcha está en la utopía, ya que concebida como lugar que no fue, que no es, pero que puede ser, nutre nuestro espíritu y nuestra voluntad.

*Roberto C. Grana, Biólogo – Ecólogo, Doctor en Psicología Social.

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2 comentarios para “El Ecosocialismo”

  1. wilton rizzo dice:

    Es la mejor filo para salvar a este universo

  2. evelio varela dice:

    descifrar el contenido de este trabajo, es una tarea digna para introducirnos en el conocimiento del ecosocialismo.

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