EL CANJE DE LA DEUDA EXTERNA.

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Carlos Mendoza*

Dadas las circunstancias objetivas, la negociación fue buena y la quita es elevada, pero la cuestión es como sacar conclusiones y evitar el fenómeno de las crecientes deudas externas y sus terribles consecuencias para el pueblo.

El gobierno ha concluido el canje de la deuda externa en default con un alto grado de aceptación por los bonistas (76,07%). Se trataba de uno de los mayores problemas político-económicos a resolver desde la implosión del modelo de la convertibilidad, aunque el principal problema por todo concepto sigue siendo la emergencia social. Se puede analizar desde diversos ángulos:

– Observación objetiva: Es la mayor quita de deuda en la historia lograda por un país en default. El ministerio de economía dice que, sumando los intereses atrasados, la deuda a reestructurar era de unos 102.000 millones de dólares y se la canjeó por nuevos bonos por un valor nominal de unos 35.200 millones de dólares (considerando que no se pagaran los casi 20.000 millones de bonos en default que no entraron en el canje) y que la quita nominal, así calculada, sería del 65,4%. Informó que la nueva deuda total (incluyendo la que no estaba en default) es ahora de unos 125.000 millones de dólares (72% del PBI), mientras que antes del canje era de unos 191.000 millones (113% del PBI). También que en valor actual (1) la nueva deuda representa 98.600 millones y que antes del canje representaba 162.300 millones.

– Observación subjetiva: Creo que nadie dudará que Menem ó Lopez Murphi ó Macri jamás habrían impuesto una quita semejante y simplemente se habrían alineado con las directivas del FMI y los reclamos del stablishment financiero. No hay que olvidar que los representantes de los bonistas, de los organismos financieros internacionales y los economistas neoliberales dijeron que la oferta era irresponsablemente dura, inaceptable y destinada a un fracaso de duras consecuencias. (Ahora dicen que esta reestructuración sienta un precedente nefasto para los “mercados financieros”, porque los países emergentes endeudados pueden ver que un default más una posición negociadora dura les puede rendir beneficios).
Esto demuestra que si hay voluntad política se pueden conseguir ciertas cosas y que no todos los gobiernos burgueses son iguales para el interés popular. Y hay que tener en cuenta que hablamos de un gobierno ampliamente basado en la figura presidencial, quien prácticamente no tiene estructura política propia y consigue relación de fuerzas fundamentalmente mediante el apoyo a su gestión por la opinión pública (sin lo cual sería por otro lado difícil que continuara recibiendo el disciplinado sostén del PJ). ¿Cuánto más se podría conseguir con un gobierno producto de una construcción sociopolítica propia desde el campo progresista?

– La nueva deuda externa representa un 72% del PBI, contra 113% antes del default, pero tiene además plazos de pago y períodos de gracia más largos, intereses más bajos y una parte importante está ahora en pesos (37% contra 3% antes del default) en lugar de divisas, todo lo cual constituye una sensible mejoría. Sin embargo sigue representando una pesada carga pues para pagarla supone un crecimiento anual promedio del PBI del 3% y destinar un superavit fiscal primario del 3% del PBI hasta el 2010, que luego decrece gradualmente. Esto seguirá limitando el empleo de fondos para otros destinos, como gasto social y obra pública, por ejemplo.

– El oficialismo no permitió que se analizara y discutiera en el Congreso el proceso de constitución de la deuda, lo cual habría dado la oportunidad de un debate público sobre los mecanismos por los cuales se generó, sobre la responsabilidad concreta de los sucesivos gobiernos, de los grandes grupos económicos locales e internacionales, de los organismos financieros internacionales y de los países del G7, a pesar de que el discurso presidencial se refiere frecuentemente y correctamente a tales responsabilidades. Hay que tener siempre presente que el más amplio funcionamiento democrático coincide con el interés estratégico popular.
Sin embargo vale la pena recordar algunos de dichos mecanismos por la enseñanza que dejan:

. Durante la dictadura del proceso, entre 1976 y 1983, la deuda pasó de 9.700 a 45.100 millones de dólares (+364%). Entre otras cosas esto se debió a lo siguiente: Como en el mundo sobraban petrodólares, los países subdesarrollados fueron alentados a tomar préstamos baratos, pero luego de 1980 suben considerablemente las tasas de interés y las deudas se vuelven impagables. El gobierno por un lado forzó a las empresas estatales a endeudarse en divisas, sirviendo objetivamente el interés financiero especulativo internacional y por otro lado terminó estatizando la deuda externa privada que habían contraído numerosos grupos económicos locales (“salvataje” que significó 5.000 millones de dólares, lo cual si se actualiza a estos días y se le suman los intereses daría una cifra sustancialmente más importante).

. Durante el gobierno Ménem (entre 1989 y 1999) la deuda pasó de 65.300 a 146.219 millones de dólares (+123%), a pesar de que se entregaron las empresas del estado a precio vil, canjeándolas parcialmente por deuda externa.
En 1994 se realizó la reforma previsional que derivó los aportes previsionales del estado a las AFJP, mientras el estado tenía que seguir pagando a quienes se habían jubilado hasta esa fecha, lo cual provocó un déficit fiscal de 37.376 millones de dólares entre 1994 y 2001 (según un informe interno del actual ministerio de economía publicado por Clarín el 14/05/03). También en 1994 se redujeron los aportes patronales a la seguridad social, lo que generó un déficit fiscal complementario de unos 40.000 millones de dólares entre 1994 y 2001 (Ismael Bermudez en Clarín del 28/05/02). Obsérvese que el déficit fiscal así generado desde 1994 en adelante explica por sí solo gran parte del aumento de la deuda externa desde 1989 a 1999, ya que el gobierno compensaba el déficit fiscal emitiendo deuda externa.
Paralelamente, el gobierno instituyó la libertad de entrada y salida de capitales, sin impuestos a las rentas financieras, lo que permitió la cuantiosa entrada de fondos especulativos, de inversores financieros y de grupos económicos locales y extranjeros con filiales en el país, que compraban deuda externa emitida por el gobierno o hacían plazos fijos, todo a altísimas tasas de interés, que fueron subiendo a medida que empezó a ser evidente que el estado en algún momento dejaría de encontrar compradores de nueva deuda y dejaría de pagar vencimientos. Aprovechando el tipo de cambio fijo transferían luego al exterior capital y cuantiosos intereses acumulados, únicos en el mundo.

. Durante el gobierno de la Alianza (1999-2001), cuando resultó evidente que el estado caería en la insolvencia, el FMI, que había bendecido/propiciado las políticas arriba mencionadas y presentado a la Argentina de Ménem como ejemplo a seguir, lideró el denominado “blindaje”, consistente en créditos y soportes financieros por 40.000 millones de dólares, con la participación también del Banco Mundial y un grupo de bancos, para darle credibilidad a la deuda que tenía que seguir emitiendo el gobierno para seguir compensando déficit fiscal y también evitar que los “perejiles” sacaran sus depósitos en dólares de los bancos argentinos. Esto fue muy funcional para los grupos financieros especulativos y grandes grupos empresarios locales e internacionales, pues les permitió sacar la plata de los bancos y del país antes de que se produjera la debacle que ellos sabían iba a ocurrir.

– Cuando resultó evidente que Argentina estaba en grave riesgo de default, los grandes tenedores internacionales de bonos de la deuda Argentina, que siempre “tienen la sartén por el mango y el mango también”, le enroscaron la víbora a ahorristas particulares de todo el mundo, a través de los bancos, convenciéndolos de comprar los bonos argentinos que ellos poseían. Con lo cual les transfirieron la pérdida a venir, luego de haber hecho usureros beneficios con este sistema durante varios años.
Estos mismos grupos económicos les recompraron a muy bajo precio los bonos defaulteados a los particulares, antes del cierre del actual canje de la deuda y entraron alegremente en ella haciendo así una nueva suculenta ganancia (según Clarín del 24/02/05, un operador bursátil norteamericano dijo a propósito del canje de deuda argentino: “Wall Street siempre hace plata con la Argentina: cuando el país colocó bonos, cuando hizo default y ahora con la reestructuración”.
Conclusión: Aunque, dentro de las posibilidades objetivas, la reestructuración de la deuda fue buena, el pato lo pagan los sectores populares argentinos y los pequeños ahorristas de todo el mundo.

Moraleja: La cuestión de fondo es como lograr que los gobiernos no sean hegemonizados y sometidos por el interés del capital financiero especulativo internacional y en su lugar defiendan los intereses del pueblo. Asunto complejo y difícil pues el capital monopolizado y globalizado encuentra serias limitaciones, intrínsecas a las leyes económicas capitalistas, para generar tasa de ganancia suficiente en actividades productivas, por lo que se ve impulsado, entre otras cosas, a resarcirse mediante rentas financieras especulativas parasitarias. Tienen tanto poder e influencia, que los gobiernos e instituciones de la democracia representativa, cada ves más formal y más en crisis, encuentran enormes dificultades para no verse sometidos. Por eso la vía de solución es cada ves más un nuevo tipo de construcción política y social, basado en una vasta participación de las masas en la gestión de la cosa pública, empezando por las propias organizaciones sociopolíticas, asunto fundamental para elevar la conciencia y el compromiso popular y poder construir alternativas populares a los partidos del sistema. El PT en Brasil, el Movimiento Bolivariano en Venezuela y el Frente Amplio en Uruguay, son ejemplos de ese tipo de construcción estratégica a largo plazo y de nuevo tipo.  Se requiere además de la coordinación de movimientos y gobiernos progresistas a escala regional (MERCOSUR y Latinoamérica, en nuestro caso) y mundial, para enfrentar los intereses mencionados, a los que en general responden los organismos financieros internacionales (particularmente el FMI) y los gobiernos de los países desarrollados del G7. Ese es el verdadero asunto de fondo, ya que un presidente aislado, sin la mencionada herramienta política participativa, aun suponiendo que tenga la mejor voluntad, no podrá resolver la crisis a favor del pueblo, aunque tome ciertas buenas medidas y tenga un discurso progresista. Por otro lado Kirchner siempre dice que el suyo es un “gobierno de transición”, para ir hacia un “capitalismo normal”, restableciendo el rol del estado, enfrentando la emergencia social, mejorando las instituciones y teniendo una política exterior más soberana e integrada al MERCOSUR. Plantea que las modificaciones estructurales no son tareas de su gobierno, sino eventualmente de gobiernos posteriores. Esa es precisamente nuestra tarea desde el campo popular y si lo logramos, temas como el tratamiento de la deuda externa se pondrían en el contexto de una política global de redistribución del ingreso, autonomía popular y democratización de nuevo tipo.
 
(1)-Valor Actual: simplificando, sería el monto de dinero que se debe invertir en, por ejemplo, un plazo fijo hipotético que otorgue como interés la tasa de descuento (2) a largo término, para con esos fondos pagar los vencimientos futuros de capital e intereses de una deuda. Este es el valor que se toma, si se quieren comparar cosas comparables, cuando se confrontan, por ejemplo, una deuda en default con una nueva deuda que se ofrece, con diferentes períodos de pago, tasas de interés y períodos de gracia. Lo que se toma es el valor actual de la nueva deuda para determinar la quita.

(2)-Tasa de descuento: En cada país se determina según sus circunstancias económicas y la percepción de riesgo que tenga el mercado. Para cada país está dada por la tasa a la que se descuentan los bonos a 30 años del estado norteamericano (cuando se los canjea en un banco, por ej.) más la tasa de “riesgo país” para el país que se considere. Por ejemplo, actualmente la tasa de descuento de dichos bonos norteamericanos es cercana al 5% y si se supone que el riesgo país para la Argentina se ubicara, post default, en 500 puntos (jerga que quiere decir 5%), se tendría una tasa de descuento para la Argentina del 10%.
*Carlos Mendoza, ingeniero, especializado en economía política, escritor, miembro del Consejo Editorial de Tesis 11 y de la Mesa de Coyuntura de la CTA.

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