Educación, Libertad y Conciencia Política.

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Revista Tesis 11 (nº 121)

(educación)

Claudio Esteban Ponce*

El conflicto docente puso entre paréntesis, como un llamado a la reflexión, a toda la dirigencia política argentina. En muchos ámbitos de discusión siempre se habló de la importancia de la educación, se expresó la relevancia que tiene la misma no solo desde el punto de vista de la evolución cultural de una nación, sino del hipotético fundamento que requiere un verdadero desarrollo económico que ligue la formación académica con las necesidades de los sectores de la economía. Pero en realidad, los planteos pocas veces pasaron de ser expresiones grandilocuentes con objetivos de promoción electoral ya que una parte importante de quienes se presentan como conductores de agrupaciones políticas o sindicales en Argentina, no solo carecen de una sólida formación, sino que además, a juzgar por los hechos concretos, nunca les ha interesado un proyecto educativo a largo plazo como política de Estado.

La gestión del gobierno del presidente Macri y su alianza “cambiemos” comenzó su segundo año al frente del ejecutivo con una actitud confrontativa al solo efecto de “poner en caja”, o de “encauzar” la potencial conflictividad social producto de sus políticas de ajuste y castigo a la clase trabajadora. Para ello, esta “advenediza” dirigencia política con cargos en la función pública, no tuvo mejor “idea” que enfrentar torpemente a los trabajadores de la educación, al parecer, con el objetivo de quebrar todas las negociaciones colectivas posteriores disciplinando drásticamente al conjunto de los trabajadores de todos los sectores de la economía. En realidad, la decadencia progresiva de la educación se remonta a más de cincuenta años de nuestra historia reciente y todas las gestiones quedaron en deuda respecto a presupuestos y salarios en el sector de la enseñanza. Si bien es una obligación moral e histórica destacar y reconocer la actitud diferenciada desde el primer momento de la presidencia de Néstor Kirchner, ya sea por la forma en que solucionó la huelga de Entre Ríos apenas asumió o por su decisión de aumentar el presupuesto educativo, como así también por los beneficios que la educación y los educadores recibieron durante las tres gestiones kirchneristas, aun así, faltó la decisión política de “calar con la transformación hasta el hueso”, haciendo de la educación la verdadera “construcción de hegemonía socio-cultural” que hiciera posible la autogestión ciudadana generando conciencia política en los sectores populares.

La administración “Pro”, no concibe la educación como un proceso de perfeccionamiento de la condición humana por la cual, a través de la formación el sujeto, pueda canalizar sus potencialidades en un contexto de igualdad de oportunidades haciendo realidad una sociedad más justa. Muy por el contrario, la idea que el gobierno de Macri tiene de la Educación refiere solo a una preparación académica con el único y mediocre objetivo de amasar fortuna sin reparar moralmente en los medios que sean utilizados para ese logro, o sea, una educación que marque claramente las diferencias de clase y responda a la concepción de poder como dominación de los semejantes. Por lo demás, el único proyecto educativo que demostró tener este gobierno solo se orienta a una política asistencialista y paternalista promoviendo la carencia del conocimiento al solo efecto de preservar la opresión ejercida por las minorías de la sociedad. Desde esta visión, luchar por una educación “liberadora e igualitaria” puede resultar subversivo y peligroso para la clase dominante. Por ende, la destrucción del sistema educativo es casi una necesidad para lacerar el desarrollo de las mayorías y dejar ese privilegio para las minorías que pagan los “supuestos mejores” establecimientos educativos que no son afectados por la escasez de presupuestos avaros de una gestión que avala la “democracia restringida”.

El “conflicto de los docentes” pasó a ser una cruzada del macrismo contra los derechos laborales. Incumpliendo la ley y amparados por los grupos concentrados que se expresan a través de las corporaciones multi-mediáticas, se creen impunes como para pisotear todo intento de reivindicación laboral. No aceptaron el derecho de huelga, pretendieron extorsionar a los maestros, infundieron miedo a través de las instituciones del Estado al mejor estilo dictatorial, y atravesando todo límite, menospreciaron desde su soberbia de clase, la sana actitud de contados jueces que intentaron defender los derechos constitucionales de la clase trabajadora. La violencia del gobierno macrista se presenta preocupante y peligrosa. La historia de nuestro pueblo ya experimentó esa violencia institucionalizada, resistió y superó la misma, pero la paciencia de los pueblos también tiene límites, y esta gestión que suele desconocer la historia, juega con fuego si cree que el voto del 2015 avaló estas medidas injustas. En verdad, lo que pretende un grupo de actuales y mediocres funcionarios públicos, es hacer que muchos ingenuos votantes en las presidenciales del 2015 olviden que ese voto de confianza fue producto del engaño que a “boca de jarro” expresaron los representantes de “cambiemos” diciendo que iban a implementar medidas que nunca tomaron y haciendo todo lo contrario a lo que prometieron.

La coyuntura crítica del presente, generada por la mezquindad y a su vez la idiotez de los funcionarios de esta alianza gobernante, muestra aspectos impresentables. Así como sostuvieron la idea de hacer desaparecer el fuero laboral, o que no debería haber elecciones de medio término, esta gente, representante de la anti-política y como mínimo ignorante de la función del Estado, pone en riesgo la continuidad institucional de la República Argentina. Retomando aspectos específicos de la educación, este gobierno destruyó programas socio-educativos, proyectos de actualización docente, desactivando además la política de inversión del Estado en investigación científica y rememorando tragedias del pasado donde el Estado Nacional hizo desaparecer su responsabilidad en materia de educación. Macri pretende volver a las políticas de los años noventa donde la educación se mantuvo en un segundo plano en la escala de prioridades del menemismo.

La resistencia de las organizaciones sindicales de la docencia argentina demostró capacidad y coherencia en el discurso y la acción. A diferencia de otros pseudo-representantes de los trabajadores, los educadores se pusieron a la “cabeza del mandato de sus bases” y dieron pelea a un gobierno que hace de su política cotidiana el avasallamiento de los derechos de quienes se encuentran más desprotegidos. El riesgo que conlleva este conflicto está implícito en la actitud de la gestión macrista, ya que está llevando la disputa al extremo pretendiendo demostrar poder fundado en la “fuerza y la dominación”. El mensaje de la derecha política que gobierna la Argentina contiene dos variables, el autoritarismo y el protocolo de represión. ¿Cómo termina un gobierno que basa su política en un modelo de ajuste económico y disciplinamiento social? La historia siempre brindó experiencias y posibles respuestas a las situaciones de conflicto, ahora bien, el tema en la Argentina pasa por el conocimiento de los hechos del pasado y el desarrollo de la conciencia social y política. La crisis forjada por el “equipo de gobierno” de cambiemos, un conjunto de burgueses astutos y avaros, muy útiles para los negocios pero muy torpes para la conducción del Estado, puede derivar en un paroxismo social con impensables consecuencias. No en vano el ataque a la educación y a los educadores tiene por objeto, nada más ni nada menos, que el ejercicio de la violencia contra los que enseñan a pensar.

El conflicto encierra además un trasfondo poco debatido en medio de este dilema. La lucha docente en general fue muy poco apoyada por las instituciones intermedias de la sociedad: medios de comunicación, organizaciones gremiales, Iglesias, fijaron siempre su mirada en los educandos que pierden días de clase. Nunca se escucharon reflexiones preocupadas por el desarrollo de la calidad educativa o por la concepción de una enseñanza que fije sus metas en la inclusión y la igualdad de posibilidades para todos. El clero católico, como así también otras instituciones religiosas muy ligadas a la educación, tiene esa idea capitalista de la escuela-guardería donde los alumnos tienen que ser “guardados” para posibilitar la productividad de sus padres. No interesa si el alumno aprende, lo que interesa es tener los pibes encerrados, no interesa generar conciencia social, interesa preparar a los jóvenes en los falsos credos de la meritocracia individualista. El dilema y la lucha siguen sin solución, el destino de la educación está en juego, y con él, un proyecto de nación todavía sin terminar.

*Claudio Esteban Ponce, Licenciado en Historia, miembro de la Comisión de América Latina de Tesis 11.

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