Cuba: Un ejemplo en la historia por la independencia y la lucha social.

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(Latinoamérica)

Roberto Papadopulos*

La memoria de las ideas y, fundamentalmente de “esa idea” que iluminó latinoamerica y se irradió por el resto del mundo y que inspiró la revolución cubana, tiene en estos días un valor trascendente. En ese sentido, las palabras pronunciadas, en el 89 aniversario del Partido Comunista de Cuba, por el Camarada Jorge Risquet Valdéz, miembro del Comité Central, nos brinda historia y paradigmas que hasta el día de hoy mantienen una invalorable vigencia para quienes aportan con su lucha y militancia a la utopía por la independencia y la lucha social.

El 16 de agosto pasado, se conmemoró el 89 aniversario del Partido Comunista de Cuba. En un acto realizado, el Camarada Jorge Risquet Valdéz, miembro del Comité Central, comenzó su intervención recordando palabras del Cte Fidel Castro:

“Otras veces hemos dicho que nuestra Revolución constituye parte de un mismo proceso desde 1868 hasta el presente. A lo largo de esta histórica lucha se debatieron dos cuestiones fundamentales: la lucha por la independencia y la lucha por la revolución social.”

“En el siglo pasado las aspiraciones a la independencia chocaron contra los poderosos intereses coloniales y contra la ideología de las clases reaccionarias. Los poseedores del poder y de las riquezas en nuestro país se oponían a la independencia, en aquella sociedad esclavista donde las clases privilegiadas tenían el temor de perder a sus esclavos. Por eso los hombres que luchaban por la supervivencia de la nación y que aspiraban a la independencia, tuvieron que luchar contra las ideas anexionistas de aquellos que, por sus intereses esclavistas, querían convertir a Cuba en un Estado más de Norteamérica.

“Más adelante, Martí hubo de luchar muy duramente, defendiendo las ideas de la independencia frente al poder colonial español y frente a los autonomistas, que consideraban a nuestro país incapaz de adquirir la independencia o rechazaban la idea de la independencia

“Del mismo modo, las hermosas ideas y aspiraciones de la revolución social, que vinieron más tarde, habrían de chocar contra intereses sumamente poderosos, habrían de chocar contra el naciente imperialismo norteamericano y los intereses de la sociedad capitalista.

“Ambos hechos se enlazan a lo largo de la historia. Los luchadores por la revolución social estaban indisolublemente unidos a los luchadores por la independencia de la patria. No se alcanzó a finales del siglo la independencia real de Cuba, y al fin se unieron las dos aspiraciones: las aspiraciones a la plena independencia nacional y a la revolución social.

“Cada una de estas aspiraciones tuvo un momento culminante. Sí la aspiración a la independencia tuvo sus momentos culminantes en 1868 y en 1895, de igual relieve histórico es el 16 de agosto de 1925, cuando tras la aspiración de la revolución social surge el primer Partido Comunista de Cuba.

Recordó el largo camino de la construcción del Partido, desde la convocatoria al primer Congreso donde participaron cuatro Agrupaciones; la Comunista de La Habana, creada en 1923 y que constaba de 27 militantes, bajo la presidencia de Carlos Baliño, se firmó la convocatoria para el Congreso. En éste participaron 4 agrupaciones, la ya mencionada y las de Guanabacoa, San Antonio de los Baños y Manzanillo, que contarían con poco más de un centenar de miembros.

Y ¿quién era Carlos Baliñó?

Poeta y escritor contra la esclavitud del negro y la codicia del oro. Es obligado a exilarse al sur de los estados unidos, donde se convierte en proletario. Primero cajonero, luego torcedor y por último escogedor del tabaco. Baliño, que había nacido en el mes y el año en que  apareció  del Manifiesto Comunista, consigue un ejemplar y otros textos marxistas, los estudia y abraza la causa de Marx y Engels exponen en este histórico documento, del cual, hacia 1871, año de la Comuna de París, se habían publicado en Estados Unidos tres ediciones.

Difusor de las ideas socialistas, enciende la lucha por mejores condiciones de trabajo y toma fuerza el gremio o el sindicato de los trabajadores. Funda pequeños periódicos, aunque es expulsado de uno y otro centro de trabajo. Organiza o anima clubes de emigrados cubanos. Orador ardiente y enjundioso en los actos en que los hijos de Cuba conmemoran las fechas patrias en tierra ajena y hostil.

Cuando José Martí comienza a frecuentar los clubes siente en muchos de ellos la huella de Carlos Baliño.

En el año en que se funda el Partido Revolucionario Cubano (PRC), 1892 –en sustitución temporal de otro gran cubano de la emigración, José Dolores Poyo—Baliño ocupa en dos ocasiones el cargo de presidente del Cuerpo del Consejo de Clubes de Cayo Hueso, “la yema de nuestra República” Lugar escogido por el Apóstol para discutir y elaborar los borradores de las Bases del Partido Revolucionario Cubano y sus Estatutos secretos.

En un discurso publicado por el semanario “Patria” fundado por el Delegado del PRC seis meses atrás, Carlos Baliño señala:

“Para ayudar a la Revolución de Cuba cuando estalle por la voluntad del pueblo que en Cuba vive hemos organizado en las emigraciones el Partido Revolucionario Cubano con bases tan amplias que caben en él con holgura todos los hombres de buena voluntad que quieren servir a la libertad, por indomable que sea su espíritu y por avanzados que sean sus ideas sobre las palpitantes cuestiones que agitan hoy a  los pueblos…”

Era, decía el compañero Risquet, la explicación del pensador marxista, sobre el carácter amplio del Partido Revolucionario Cubano, disertando ante un público de ideología heterogénea, donde hay desde sencillos patriotas cuyos horizontes no llegan más allá del cese de la dominación española sobre Cuba, hasta aquellos que piensan también  en cómo deberá ser la Republica Independiente. Partidarios de las instituciones y los procedimientos que forman la vida en Norteamérica, hasta antiimperialistas consecuentes que los rechazan. Son varias las informaciones publicadas en “Patria” que aluden a la actividad de Baliño. En ellas, se reconoce la pluma inconfundible del Maestro: “… ese cubano de oro, ese levantado Baliño, redondo de mente y corazón…”Más tarde, Martí escribe de él “Un hombre que sabe conciliar la libertad ardiente con la elevación que le acredite y asegura, que padece, angustiado, de toda pena de hombre”.

Alusión inequívoca a la ideología marxista de Baliño. No solo padece por los sufrimientos del pueblo cubano oprimido por el coloniaje, sino “por toda pena de hombre”, es decir por los explotados y oprimidos de toda la tierra y más tarde “un cubano que padece con alma hermosa por las penas de la humanidad y sólo podría pecar por la impaciencia de redimirlas”.

La tarea reflexionó Risquet era; lograr la independencia de la patria. Luego, será edificar una república con toda la justicia.

Desdichadamente, la premonición martiana del peligro de los apetitos de Estados Unidos se cumplió. El imperio del norte revuelto y brutal intervino en nuestra heroica y victoriosa guerra contra España con el fin de frustrar nuestra independencia y adueñarse de Cuba.

La república neocolonial, nació castrada en 1902, después de más de tres años de una ominosa ocupación de las tropas norteamericanas, período en el cual los rapaces monopolios yanquis se apropiaron de las tierras más fértiles de la Isla, de extensos cañaverales, de sus reservas minerales, de gran parte de su comercio exterior y del control financiero del país a través de leoninos empréstitos, entre otros rubros económicos que facilitarían el crecimiento en flecha de sus inversiones en Cuba. Para garantizar lo robado y facilitar el despojo futuro, instalaron un gobierno impuesto, encabezado por un declarado anexionista, Tomás Estrada Palma.

En estas condiciones de protectorado yanqui, funda Carlos Baliño en La Habana, en 1903, el Club de Propaganda Socialista, lleva a cabo una labor persistente de divulgación y colabora en diversos órganos obreros que editan los sindicatos. Actúa pacientemente dentro de los partidos socialistas y obreros que se crean en diversos momentos, para que sus adherentes asimilen plenamente el marxismo y se despojen de falsos criterios de socialismo utópico, anarcosindicalismo y otras corrientes que, procedentes de Europa y Estados Unidos, existen en el seno del movimiento obrero de Cuba. Se vincula a cuanto movimiento huelguístico, protesta patriótica y de solidaridad. Viaja por el país y apoya los brotes de rebeldía y organización proletaria. Particularmente con el extendido movimiento sindical y socialista de la región de Manzanillo.

Así actúa Baliño en los tres primeros lustros de la república, que en ese período sufre una segunda ocupación norteamericana, varios conatos de guerra civil por querellas electoreras, una brutal masacre de tres mil cubanos negros en Oriente, gobiernos corruptos y entreguistas, partidos burgueses sin principios ni patriotismo, y una conciencia nacional aplastada por la Enmienda Platt, que vive con el temor de que bajo cualquier pretexto, las tropas yanquis realicen nuevas ocupaciones.

La Revolución Socialista de Octubre en Rusia, en noviembre de 1917, no por lejana, deja de tener una honda repercusión en Cuba, en la medida en que, de una forma u otra, en medio de las calumnias de la prensa burguesa va llegando la información veraz del cambio profundo que se está operando en el antiguo imperio de los zares.

Ha terminado  en 1918, la primera guerra mundial interimperialista.

En Cuba los precios del azúcar caen abruptamente. La llamada “Danza de los Millones” termina en una catástrofe para la economía nacional; los bancos de capital doméstico quiebran, muchos acaudalados cubanos también, sus propiedades hipotecadas pasan a las manos de los financistas norteamericanos: el voraz imperialismo del norte se aprovecha para adueñarse aun más de la industria azucarera, de las finanzas y de las principales ramas de la producción y los servicios públicos del país; la crisis económica se abate sobre Cuba.

La década del 20 va a significar un despertar de la conciencia nacional, hasta entonces aletargada, y la entrada en escena de una nueva generación, nacida entre las dos ocupaciones yanquis (1898-1909).

Sangre nueva  y rebelde que traen Juan Marinello, Rubén Martínez Villena, Pablo de la Torriente, Julio Antonio Mella, Antonio Guiteras, Blas Roca, los más destacados de la numerosa pléyade de revolucionarios que viene al mundo en el período de diez años y medio que transcurre entre la entrada de los generales ocupantes William R. Shafter en Santiago y John R. Brook en La Habana y la salida del gobernador Charles Magoon, el corrupto procónsul enviado por Teodoro Roosevelt.

Era, decía el compañero Risquet; la culminación de 50 años de lucha obrera en Cuba, en la colonia, bajo la ocupación norteamericana y en la república; y resultado, a la vez, del impacto ideológico esclarecedor que la Revolución de Octubre victoriosa significa para los dirigentes sindicales que actúan en el seno de los trabajadores, se crea en 1920 la Federación Obrera de La Habana, bajo el liderazgo de Alfredo López, hábil, firme y honesto luchador, que empieza a inclinarse hacia el socialismo.

Mella ingresa en la Universidad de La Habana y su acción huracanada comienza a convertir la colina en un centro de rebeldía patriótico y antiimperialista. Funda la Federación Estudiantil Universitaria. Organiza el Primer Congreso Nacional Revolucionario de Estudiantes. Incorpora al estudiantado a la lucha nacional e internacional, desde la reivindicación de la soberanía cubana sobre la Isla de Pinos, hasta el repudio de la visita de un barco italiano fascista y el saludo alborozado a la primera nave mercante soviética que llega al litoral cubano.

Por su parte, Villena y Marinello, a la cabeza de un grupo de intelectuales pronuncian la Protesta de los Trece, denuncia enérgica contra la corrupción del gobierno de turno, Alfredo Zayas.

El movimiento estudiantil va en busca del movimiento obrero. Abre sus puertas la  Universidad Popular “José Martí” donde los universitarios brindan sus conocimientos a los trabajadores. También se vinculan ambos movimientos a los jóvenes intelectuales contestatarios. Surge la Liga Antiimperialista de Cuba con Villena, Mella, Baliño, Marinello, como principales figuras a lo largo de una década.

La Federación Obrera de La Habana y las agrupaciones comunistas trabajan por establecer una organización sindical nacional. En la primera semana de agosto de 1925, el Congreso Obrero que sesiona en Camagüey, decide crear la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC). Crecen las  movilizaciones y enfrentamientos campesinos contra los desalojos,

Es la hora exacta para la fundación del Partido Comunista de Cuba.

Sin pecado de impaciencia, el 16 de agosto de 1925, en una casa situada en el lugar que hoy ocupa el teatro Hubert de Blanck, Carlos Baliño, el fundador junto a José Martí del Partido Revolucionario Cubano, el predicador incansable, el luchador persistente por la causa del socialismo, da inicio a las sesiones del Congreso Nacional de Agrupaciónes Comunistas. Con toda razón ha señalado Fidel que “Carlos Baliño simboliza el enlace directo entre el Partido Revolucionario de José Martí y el primer Partido Comunista de Cuba, Él fue cofundador de ambos partidos…”

Se reúnen (trece delegados, cuatro invitados, entre estos últimos, el más joven, Fabio Grobart)  En mayo de ese año había accedido a la presidencia Gerardo Machado. En Estados Unidos, ante empresarios y gobernantes, había prometido que en Cuba no habría una huelga que durara más de un cuarto de hora. Mella, desde la revista Alma Máter lo había calificado con precisión: “Mussolini tropical”. Se inicia un proceso judicial contra los comunistas y otros líderes obreros, acusándolos de “conspiración para la sedición”. El listado de los implicados es de 28 nombres. El secretario general del Comité Central electo por el Congreso, José Miguel Pérez,  es detenido, en España, en 1936, es hecho prisionero y fusilado por los fascistas.

Mella, la figura descollante y más temida por el régimen, es detenido el 27 de noviembre de ese mismo año (1925). Los presos de la cárcel de La Habana, por una o ambas causas, suman unos 40. Expone a sus compañeros de prisión: “Vamos a convertir esta cárcel en una trinchera de combate contra el imperialismo”. El 5 de diciembre, se declara en huelga de hambre.

Su heroica actitud se prolonga indefinidamente. La isla se conmueve de un extremo a otro. Surgen por doquier las protestas de organizaciones obreras, estudiantiles, de personalidades.

El hecho empieza a tener repercusión en el extranjero, exigiéndose la libertad del joven líder, cuyo ayudo prolongado lo conduce al borde de la muerte.

El Presidente de México envía un telegrama personal a Machado. El Senado de México y el de Argentina, así como el Cabildo de Buenos Aires, exigen públicamente al tirano la libertad de Mella, lo cual es reflejo de la protesta popular, creciente en todo el continente. En New York, más de 2 mil ciudadanos se pronuncian ante la sede diplomática de Cuba.

El “Asno con Garras” – como lo califica Villena– tiene que ceder y decretar la libertad provisional bajo fianza de Julio Antonio. Se ha ganado la primera batalla política.

Mella sale clandestinamente del país, hacia Honduras, es detenido por la policía y luego expulsado del país. Viaja a Guatemala donde también afronta la persecución. Se le confina a Suchate, punto fronterizo con México, hasta que logra entrar en el país azteca.

En cuanto a Baliño, es detenido por la causa de la “conspiración” y en libertad bajo fianza,  postrado en su lecho de enfermo, un juez de instrucción llega  hasta allí para dar curso al proceso. Con crueldad inaudita lo instruye de cargos y ordena su  reclusión en la prisión para una fecha inmediata. Baliñó no irá a la cárcel. El día anterior al señalado para el encierro, diríase que en un postrer gesto rebelde deja de existir aquel noble gladiador, en pie de lucha.

Risquet explica la ola de terror desatada por Machado. Ocho años de crímenes políticos y prisioneros de conciencia por millares, viles asesinatos selectivos y bárbaras masacres, crisis económica espantosa, hambre y miseria extrema para las masas. Alfredo López y Enrique Varona, figuran entre los primeros mártires de la clase obrera.

Mella, devenido en un reconocido líder continental antiimperialista, explora las posibilidades de regreso a Cuba al frente de una expedición armada de la Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos (ANERC) que ha organizado en México. Cae asesinado allí, el 10 de enero de 1929, crimen que auspician la embajada norteamericana en aquel país y el gobierno de Machado.

Con la crisis económica mundial del año 1930, que empieza a golpear a Cuba, crece la lucha antimachadista. El Partido y la CNOC, bajo la dirección de Rubén, organizan y realizan, el 20 de marzo, la primera huelga general nacional contra la tiranía, preludio de la que en agosto de 1933 derrocaría a Machado. Los estudiantes no cesan de luchar. En el 1930 vuelven a la carga, se organizan, convocan a una multitudinaria manifestación. Hay detenidos y asesinados

Antonio Guiteras escoge el territorio siempre rebelde de Oriente para organizar acciones armadas. Sus seguidores logran incluso tomar por varias horas el cuartel de San Luis. Sus propósitos no se limitan a derribar la sangrienta dictadura. Posee la convicción de que el imperialismo norteamericano es enemigo principal, apoyado por las clases oligárquicas del patio y que el socialismo es el sistema social verdaderamente justo y garante de la plena independencia nacional que conquistarán los trabajadores, campesinos y estudiantes.

La lucha popular contra la tiranía va creciendo hasta derrocarla, el 12 de agosto de 1933.

El embajador de Estados Unidos, Mister Summer Welles, ejerce desde meses atrás una “mediación” injerencista para salvar el régimen imperante, aunque sacrificando a su odiado títere Machado. Numerosos barcos de guerra norteamericanos rodean la isla, algunos de ellos surtos en el puerto de La Habana. A la fuga del “Asno con Garras” y varios de sus colaboradores más connotados, el Embajador impone un gobierno provisional que representa igualmente los intereses del imperialismo y de la oligarquía burgués-latifundista, el cual apenas dura tres semanas.

El 4 de septiembre estalla en el seno del Ejército una conspiración triunfante de soldados y sargentos, dirigida tanto contra la alta oficialidad machadista como la oficialidad media, dócil a sus órdenes.

La alianza entre este movimiento que encabeza el sargento taquígrafo Fulgencio Batista y el Directorio Estudiantil Universitario, asume el poder, que tras una semana de gobierno de Pentarquía, designa al profesor Ramón Grau San Martín como el presidente del Gobierno Provisional Revolucionario.

En este gobierno –el primero de la historia de Cuba que no es hechura de Washington– todos tienen credenciales antimachadistas pero es heterogéneo. Rápidamente surgen en su seno tres tendencias. La derechista, encabezada por Fulgencio Batista, que deviene coronel y jefe del ejército, la del propio presidente Grau, que se sitúa al centro con algunos adeptos y la de izquierda, cuyo líder es Antonio Guiteras, que ocupa en el gabinete el cargo de secretario (ministro) de Gobernación, Guerra y Marina.

Mientras se desarrollan en campos y ciudades vastos movimientos de masas por sus reivindicaciones y la liquidación de todo lo que huele a machadato, en los que el Partido y la CNOC desempeñan el papel principal, entre el Palacio Presidencial y el campamento militar de Columbia, sedes de las dos cabezas del gobierno, se agravan las contradicciones.

En Palacio, Guiteras y algunos ministros que lo siguen imponen al vacilante Presidente, medidas y leyes revolucionarias, desde la jornada laboral de 8 horas, la ley de accidentes de trabajo, la autonomía universitaria, la regulación de la zafra de 1934 en beneficio de los centrales menores y del colonato, la rebaja de las tarifas del fluido eléctrico, hasta la suspensión del pago de la deuda externa al Chase Bank y la intervención de la mal llamada Compañía Cubana de Electricidad, subsidiaria de la poderosa Electric Bond and Share.

En Columbia, Batista conspira con la complicidad del Embajador norteamericano para derrocar al gobierno y sustituirlo por otro integrado por los politiqueros representantes de las clases oligárquicas vinculadas y postradas ante el imperialismo.

Welles se identifica más con el nuevo jefe del ejército, cuando el 29 de septiembre, sus tropas disuelven a tiros, con el saldo de numerosos muertos y heridos, la concentración popular convocada para enterrar las cenizas de Mella, traídas desde México por Marinello, duelo que despide Villena en su último discurso, pronunciado desde el balcón de la sede de la Liga Antiimperialista, donde se rinde postrer tributo al héroe.

El 15 de enero, el nuevo representante del gobierno norteamericano, Mr Caffery completa la obra iniciada por Welles: el gobierno presidido por Grau cae por decisión de Columbia y la embajada. Un nuevo equipo gubernamental, presidido por Mendieta y en realidad manejado por Batista, asume el poder. Solo entonces, la Casa Blanca reconoce al gobierno de Cuba y Caffery presenta credenciales ante este como Embajador de Estados Unidos en La Habana.

Villena muere en su lecho de enfermo el 16 de enero de 1934, en el hospital antituberculoso La Esperanza, no sin horas antes, dar a Juan Marinello orientaciones acerca del Cuarto Congreso Nacional Obrero de la Unidad Sindical, que sesiona en la capital del 12 al 16 de ese mes. Blas Roca interviene por vez primera en un evento de carácter nacional y ante un auditorio tan importante: 3 mil delegados procedentes de todo el país.

Antonio Guiteras pasa a la oposición del gobierno pro-yanqui Batista-Mendieta. Funda la Joven Cuba. Empieza a desarrollar acciones contra el nuevo régimen. El 8 de mayo de 1935, muere asesinado en El Morillo de Matanzas por la soldadesca batistiana, cuando intenta salir del país en exilio transitorio para proseguir la lucha revolucionaria.

Peleando junto a los milicianos republicanos en España, Pablo de la Torriente Brau es derribado para siempre, en diciembre de 1936.

Pablo es el más destacado de un millar de combatientes internacionalistas cubanos que acude junto al pueblo español a defender la república frente a sus enemigos, encabezados por Franco y respaldados por Hitler y Mussolini.

“…Esta es –dijo Fidel en el Informe al Primer Congreso del  Partido Comunista de Cuba— a nuestro juicio, una de las más nobles y heroicas contribuciones al movimiento revolucionario mundial de nuestro primer Partido Comunista…”

El primer Partido vivió la mayor parte de su existencia en la más estricta clandestinidad. Más de 20 años, ferozmente perseguido y unos pocos años en relativa legalidad, pero siempre calumniado por los medios de prensa burgueses que difunden el anticomunismo más recalcitrante y las ideas del fatalismo geográfico y de defensa del estatus neocolonial.

No obstante, junto a sus organizaciones juveniles, se consagró a divulgar las ideas del socialismo científico, alentó la creación de sindicatos clasistas, que dirigió  en incesante brega, así como a organizar al pueblo en el combate por la liberación nacional y social. Fue madurando a través de la diaria pelea, superando los errores inevitables que todo el que actúa en la lucha puede cometer, ganando en experiencia, profundidad en el análisis político y prestigio en el seno de los trabajadores manuales e intelectuales y entre los estudiantes.

En los turbulentos años de revoluciones, muchos líderes caen, pero otros surgen para reemplazarlos.

En el movimiento obrero, bajo la orientación del Partido, Lázaro Peña, Jesús Menéndez, Aracelio Iglesias, José María Pérez, Ricardo Rodríguez, Ursinio Rojas, Juan Taquechel reemplazan a los viejos robles desaparecidos y logran reorganizar el movimiento sindical y fundar, en 1939, la Confederación de Trabajadores de Cuba. Jesús, Aracelio y José María, serían fríamente asesinados, años más tarde bajo los gobiernos de Grau, Prío y Batista, respectivamente. Es larga la lista de dirigentes sindicales comunistas asesinados en ese período (1947-1958).

En el Partido Comunista, el propio Rubén, a fines de 1933, propone al joven Blas Roca para la secretaría general. El obrero zapatero manzanillero se había destacado en la región sudoeste de Oriente. Entre sus hazañas estaba el Soviet de Mabay, aquel asalto obrero al cielo tan insostenible como sublime y simbólico.

Junto a él se mantendrá durante décadas, prestigiando al partido con su respetada figura, Juan Marinello, el intelectual cubano que más prisiones sufrió, que más larga clandestinidad supo soportar, con firmeza inconmovible, en el siglo pasado. Un intelectual más joven seguiría su ejemplo y entregaría por entero su talento y energías en el seno de la Dirección del Partido por más de medio siglo, Carlos Rafael Rodríguez.

Y no se equivocó Rubén. De Blas dijo Fidel en su discurso del quincuagésimo aniversario que ya hemos citado:

“…es justo que hoy, como legítimo homenaje y reconocimiento a su extraordinaria vida revolucionaria mencionemos al hombre que dirigió durante 26 años a ese partido, el compañero Blas Roca…”

“…que, a nuestro juicio, es uno de los hombres más noble, más humano y más generoso que hemos conocido jamás”.

Y como prueba de esa generosidad, de ese desprendimiento personal, de esa ausencia de ambición, Fidel agregó:

“¡Recordaremos siempre con emoción el día que, algún tiempo después del triunfo de la revolución y luego de un proceso de unificación de las fuerzas revolucionarias, Blas Roca depositó en nuestras manos las banderas gloriosas del  primer Partido Comunista de Cuba”!

Cuando, como en este caso, un jefe de destacamento recibe del jefe anterior la bandera, el nuevo Comandante la confía a su vez al cuidado cotidiano de un abanderado, aquel que sabrá conservarla mejor y mantenerla en alto al precio de su propia vida. Cuando Blas entregó a Fidel la bandera, había, por lo menos, no uno, sino dos magníficos abanderados disponibles: estaba Raúl y estaba el Che. Con abanderados de tal firmeza, podría caer en combate el abanderado, pero jamás caerá la bandera.

Para todos los integrantes de aquel primer Partido Comunista, luego del triunfo revolucionario de enero de 1959, resultaba meridianamente claro, que para dirigir la Revolución Socialista cubana había surgido un nuevo jefe, Fidel Castro Ruz, de cualidades excepcionales, capaz de conducir victoriosamente el combate de nuestro pueblo en la difícil tarea de mantener la independencia de la nación y la soberanía del pueblo para regir sus propios destinos frente a un enemigo tan cercano, poderoso e inescrupuloso como es el imperialismo norteamericano.

Ha pasado más de medio siglo  desde que el Movimiento 26 de Julio, el primer partido y el Directorio Revolucionario 13 de Marzo se integraron en una sola organización política de vanguardia.

¿Qué camino glorioso y heroico recorrido por nuestro pueblo en estas décadas bajo la dirección del Partido Comunista de Cuba, bajo el liderazgo de Fidel!

Sería largo describir este camino, que pasa por la Reforma Agraria, la nacionalización de las riquezas del país, la campaña de alfabetización, la Victoria de Girón, la Crisis de Octubre, la lucha contra bandidos, las zafras del pueblo, las misiones internacionalistas…, en la década del 90 por el desmoronamiento del socialismo en Europa, el período especial, es decir, la heroica resistencia, levantando solo los cubanos las banderas del socialismo en el Hemisferio Occidental y con un bloqueo recrudecido que no puede calificarse de otra forma que genocidio contra nuestro pueblo por parte de la potencia militar, económica y tecnológica más poderosa que haya existido jamás

¡Pero aquí estamos y aquí estaremos!

Queridos compañeros y queridas compañeras:

Un año exacto  nos separa del próximo 90 Aniversario de la fundación del primer Partido Comunista de Cuba.

Iniciamos hoy, con esta actividad, las tareas de divulgación de lo que significó aquel evento fundacional para la lucha de nuestra clase obrera y todo nuestro pueblo por el futuro luminoso que hoy seguimos construyendo en medio del bloqueo yanqui y el predominio mundial del capitalismo cada día más injusto e inhumano.

El Partido de Baliño, Mella y Rubén, que hoy es el Partido de Fidel y Raúl, el mismo nombre, los mismos objetivos: la independencia plena de la patria de Martí y Maceo, la mayor felicidad posible de todos los hijos de esta Isla irredenta y la solidaridad con las nobles causas de todos los pueblos del mundo frente al imperialismo norteamericano y a los imperialismos subordinados de Europa y Asia.

El criminal bloqueo yanqui contra Cuba se mantiene e intensifica en algunos aspectos como el financiero, la persecución a cualquier entidad bancaria que opere cuentas del Estado cubano.

Hemos resistido más de cincuenta años ese cruel bloqueo, estamos dispuestos a resistirlo otros cincuenta años o más.

Jamás hemos cedido ni cederemos ante agresiones, chantajes ni amenazas. La política exterior de la Revolución siempre ha sido un arma poderosa para defender la independencia, autodeterminación y soberanía nacional, a favor de la paz mundial, el desarrollo, la justicia social y la solidaridad con los pueblos del Tercer Mundo.

Esta solidaridad se ha expresado en el combate empuñando las armas junto a los pueblos de  África para liquidar el colonialismo y el odioso régimen del  Apartheid.

Hoy estamos en mejores condiciones para resistir  que en la década del 60 del pasado siglo, cuando el Imperio tenía poderío para obligar a todos los países de América Latina, con la sola excepción de  México, a romper relaciones diplomáticas con Cuba.

Hoy existe la CELAC, que agrupa a todos los países de Nuestra América, sin Canadá ni Estados Unidos imperialistas. La Segunda Cumbre de la CELAC, bajo la presidencia pro-tempore de Cuba se celebró en La Habana, dirigida por el compañero General de Ejército Raúl Castro. Años antes se había creado el ALBA, con Cuba, Venezuela –presidida por el inolvidable Hugo Chávez—Ecuador, Bolivia, Nicaragua y San Vicente y las Granadinas.

Cumpliendo un acuerdo de la Cumbre en La Habana de la CELAC se efectuó el pasado mes de julio en Brasil el encuentro del grupo presidencial, ahora encabezado por Costa Rica e integrado por Cuba, Ecuador y San Vicente, con la República Popular China, donde se creó el FORO CELAC-China, es decir, un órgano de relación e intercambio permanente entre Nuestra América y la República Popular China.

La reciente visita a Cuba del Presidente chino XI Jinping, así como también del  Presidente de Rusia Putin, constituyen expresiones de la activa y sólida política exterior de nuestro país, que también ha iniciado conversaciones con la Unión Europea para el mejoramiento de las actuales relaciones.

También con Estados Unidos estamos en disposición de mejorarlas, si la vecina potencia imperialista acaba de entender que su política de bloqueo económico y financiero contra Cuba y sus subversivas acciones como las de Zunzuneo están condenadas al fracaso y decide respetar el derecho de los cubanos a construir su futuro en paz y nos devuelve a nuestros tres Héroes aun encerrados en crueles cárceles yanquis desde hace más de quince años.

¡Gerardo, Ramón y Antonio  han de regresar a Cuba y junto a René y Fernando constituirán, entre otros compañeros, la más genuina representación de las nuevas generaciones que habrán de recibir el legado que por razón de nuestra avanzada edad reclama un relevo de igual firmeza indestructible!

El VI Congreso de nuestro Partido trazó los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido, el programa de acción en que nos hallamos inmersos, para la edificación de un socialismo próspero y sostenible.

“No nos ilusionemos, el camino que hemos escogido no estará libre de obstáculos y riesgos, pero el éxito dependerá de la inteligencia, paciencia y sobretodo la firmeza con que actuemos, con el apoyo de nuestro pueblo y de los trabajadores de uno y otro sector”, como nos ha advertido el compañero Raúl.

“Nunca debemos olvidar –ha enfatizado- que el sistema económico que prevalecerá en la Cuba Socialista, independiente y soberana, continuará basándose en la propiedad de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción y que la empresa estatal  es y será la forma principal en la economía nacional, de cuyos resultados dependerá la construcción de nuestro Socialismo, próspero y sostenible”.

Ese Socialismo para cuya realización en nuestra patria Baliño y Mella fundaron, un 16 de agosto de 1925, el primer Partido Comunista de Cuba.

No puedo terminar mis palabras sin referirme al horrendo crimen que está cometiendo el Gobierno fascista de Israel, apoyado descaradamente por Estados Unidos, con el pueblo palestino en Gaza.

Nuestro país, que hace décadas rompió  relaciones diplomáticas con Israel como expresión a su repudio: a su acción contra el pueblo palestino, condena con todas sus fuerzas la actual agresión de ese régimen que ya causa la muerte y las heridas de miles de palestinos, hombres, mujeres y niños y la destrucción de hogares, escuelas y hospitales y expresa su solidaridad con el hermano y valeroso pueblo palestino.

¡PATRIA O MUERTE!  ¡VENCEREMOS!

*Roberto Papadopulos, Periodista, miembro del Consejo Editor de Tesis 11

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