CRISIS DE CIVILIZACIÓN Y CONVERGENCIA TRANSFORMADORA.

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Entrevista a Paul Boccara* (realizada por Pierre Ivora**)

Traducido del francés por Carlos Mendoza*** 

La nueva revolución tecnico científica, denominada “revolución informacional” y en los sistemas operativos de la sociedad, han exacerbado las crisis capitalista de sobreacumulación de capital y del sistema liberal de delegación de poderes. Las luchas actuales por la crisis en Francia y otros países europeos cuestionan la civilización misma actual. Propuestas para una superación del capitalismo actual y del sistema liberal delegatario en pos de una convergencia social y política transformadora.

¿Que encuentra usted en las actuales luchas sobre las jubilaciones en Francia para considerar que tienen un alcance de civilización?
Esas luchas tienen una doble dimensión:

Una primera dimensión económica y social. Las necesidades sociales y una transformación progresista de su financiamiento, opuestos a la “reforma” propuesta por el gobierno, que favorece la dominación de los capitales financieros.

Una segunda dimensión no económica, que concierne la vida en sociedad y la civilización. Se nos dice que con el alargamiento de la esperanza de vida hay que trabajar más tiempo. No podemos contentarnos con responder que hay otras posibilidades de financiamiento de las jubilaciones. Hay además que oponer la idea de disfrutar plenamente de la prolongación de la esperanza de vida, en buena salud, desarrollando actividades sociales libres. Con la nueva productividad del trabajo se puede reducir el tiempo de trabajo a lo largo de la vida, mediante el aumento del tiempo de formación, la reducción de la jornada de trabajo y por un alargamiento del tiempo de jubilación para actividades sociales, culturales y políticas asociativas, que ya se desarrollan. Ese cambio del modelo cultural de la jubilación participa de la concepción de otro tipo de sociedad. Eso le otorga mucha más fuerza a las luchas que contribuyen a una transformación de la civilización.
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Usted afirma que vivimos una crisis de civilización. ¿Qué significado le da a esta expresión de civilización?

En la vida social no hay solo el sistema económico, hay también todos los aspectos no económicos, o el sistema “antroponómico”: las relaciones parentales, políticas, culturales. Esos dos sistemas, combinados en un marco geográfico e histórico determinado, forman una civilización. Así, tenemos la combinación del sistema económico del capitalismo y del sistema antroponómico del liberalismo, en el marco de la Europa occidental y luego de los EE.UU., desde el siglo XVI hasta nuestros días. Ellos forman la civilización occidental, hoy en día mundializada, siendo esta mundialización uno de los factores de su actual crisis.

El sistema económico capitalista, según Marx, es un sistema de transformación de la naturaleza exterior en productos para las necesidades humanas. Este sistema comprende: 1) las relaciones sociales entre capitalistas y trabajadores asalariados, 2) la operación técnica, surgida de la revolución industrial, con el reemplazo de funciones de las manos de los asalariados por máquinas herramientas, elevando la productividad del trabajo para favorecer las ganancias de los capitalistas, con la presión sobre la parte equivalente a los salarios en el valor agregado para aumentar así la acumulación de capital y 3) la regulación, las reglas del mercado, la regulación basada en la tasa de ganancia, con una regulación mediante crisis de acumulación de capital.

 En cuanto al sistema antroponómico, Marx, sin emplear esa expresión, comenzó a trabajar sobre eso. El declaró en El Capital que “transformando la naturaleza exterior, los hombres transforman su propia naturaleza”. La antroponomía es precisamente la transformación de la naturaleza humana, con las relaciones parentales, los efectos de las actividades productivas en el psiquismo y el desarrollo de los hombres, las relaciones políticas y la cultura.

¿Por que rezón afirma usted que la crisis de la civilización occidental se caracteriza a la vez por una crisis del capitalismo y del liberalismo?

La crisis sistémica actual es a la vez una crisis económica y una crisis de todos los aspectos antroponómicos. Esas crisis son interdependientes. En el nivel económico no solo hay crisis periódicas al cabo de siete a doce años, sino que hay también crisis más duraderas, crisis del propio sistema capitalista, ya que el tipo de tecnología se ha vuelto demasiado pesado y el tipo de relaciones sociales demasiado duro. Son crisis de sobreacumulación duradera de capital, como la de entre las dos guerras mundiales, o la crisis actual. Esta última exige transformaciones sistémicas mucho más profundas que aquellas que intervinieron luego de la segunda guerra mundial en el Capitalismo Monopolista de Estado Social, con las empresas estatales, la seguridad social y el desarrollo de servicios públicos.

Nosotros conocemos también nuevamente una crisis sistémica en el plano antroponómico. Esto nos envía al exceso de delegaciones representativas. Esas delegaciones caracterizan, con su contractualidad correspondiente, la antroponomía del liberalismo en nuestra civilización. Ellas resultan evidentes para la política, los legisladores, los jefes de gobierno y de Estado. Pero ellas existen también de manera clásica para los jefes de familia, para los jefes de empresas a quienes los asalariados delegan la organización del trabajo, mientras que se delega también la cultura a los autores, con una escisión entre autores y lectores, vinculada a la imprenta. Esto reclamó ya transformaciones profundas de representaciones y poderes luego de la segunda guerra mundial, con el crecimiento del rol de los sindicatos y las referencias sociales a los asalariados en las instituciones o con el voto de la mujer.

Según usted, los sistemas del capitalismo y del liberalismo serían radicalmente cuestionados en razón de una serie de revoluciones técnicas y de las operaciones sociales. ¿Cuáles y como?

En el plano económico, se trata ante todo de la revolución informacional, con el reemplazo por medios materiales de ciertas operaciones del cerebro, como con las computadoras. Las informaciones, como los resultados de la investigación, tienden a devenir predominantes, más importantes que las máquinas en la producción. Sin embargo, una misma información, o una investigación, a diferencia de una máquina que está físicamente en tal o cual lugar, pueden ser compartidas hasta la escala del mundo entero.

Esto favorece el desarrollo de las multinacionales y las privatizaciones, pero también la industrialización del mundo y la asalarización masiva con el crecimiento de los países emergentes. En efecto, una empresa multinacional puede compartir internamente los costos de investigación mucho más que una empresa pública puramente nacional. Pero se ha producido asimismo una competencia desenfrenada, notablemente entre los trabajadores, a escala mundial. Esto se opone a repartos generalizados de las ventajas de la revolución informacional con participación de los trabajadores y los pueblos. La productividad formidable, con las economías de trabajo directo y también de medios materiales y del trabajo contenido en ellos, provoca desocupación masiva y precarización del trabajo.

Está luego la revolución monetaria, de desvinculación casi completa de la moneda con relación al oro. De ahí la creación monetaria emancipada del oro, para lo peor hoy y para lo mejor mañana. De ahí la creación desenfrenada de moneda, para los mercados financieros, para la especulación, particularmente en dólares, devenido la moneda mundial de hecho, y el endeudamiento público internacional formidable de los EE.UU. Está también la revolución ecológica, de contaminaciones intolerables y de peligros climáticos. Pero están también nuevos dominios, como la conquista del espacio y las biotecnologías, que requieren de reconversiones de la producción y de una cooperación mundial.

Hay también revoluciones en el dominio antroponómico. Es la otra fase de la revolución informacional para la vida humana, la revolución digital y de la telecomunicación de informaciones, con las computadoras personales, que permiten un acceso de cada individuo a informaciones de todo tipo y su circulación en todas direcciones. Esto podría oponerse a la escisión entre autores y lectores, propia de la imprenta, con la posibilidad de respuestas en tiempo real, de incorporación de modificaciones personales creadoras, de nuevas informaciones. Pero por ahora todo esto es sobre todo acaparado por los grandes servicios monopolizados.

Habría que considerar también la doble revolución demográfica, con la reducción de la natalidad y el aumento de la longevidad, a escala mundial. La revolución parental, sobre todo en los países occidentales, pero que se extiende a todo el mundo, con el aumento de los divorcios, de parejas no casadas con hijos, de igualdad de la mujer en la dirección de la familia, de familias monoparentales, parentelas reconstituidas, parejas homosexuales…Esto cuestiona la moral tradicional hasta una escala mundial. De ahí el aumento de las confrontaciones, pero también de potenciales de emancipación. Es también la revolución migratoria del Sur hacia el Norte, con sus desafíos de rechazos, integraciones o mestizajes para los emigrados. Es la revolución militar, del acceso creciente a las armas nucleares de destrucción masiva.

Usted afirma que hay, en la crisis, a la vez exacerbación de la dominación del capital, y de la delegación de poder, pero también del cuestionamiento a los mismos. Usted evoca, por otro lado, un giro de agravación extrema de esta crisis sistémica de conjunto. ¿Podría precisar su pensamiento?

Ha habido una exacerbación de los mercados al mismo tiempo que la progresión de la industrialización y de la asalarización, con el crecimiento también de su desreglamentación. Luego, en 2008-2009, hemos asistido a un giro, con el estallido del sobreendeudamiento, sobre todo de los hogares, siendo que el crédito a los hogares había permitido de responder, en cierta medida, a la insuficiencia de la demanda. De ahí las enormes dificultades de los bancos y el relevo tomado por el endeudamiento público.

Ha habido también el crecimiento de las hiperdelegaciones representativas. En el plano político la exasperación de los presidencialismos, de los poderes supranacionales en las zonas de libre intercambio, como la Unión Europea, el alejamiento de las direcciones de empresas respecto de los trabajadores, la crisis de poderes culturales tradicionales exacerbada por la televisión e internet. Hay al mismo tiempo progresión de la urbanización, del acceso a la cultura y agravación considerable de las desigualdades. Es también la radicalización de las confrontaciones con la moral y los valores. Asistimos al crecimiento de los integrismos, como ser el integrismo islámico en reacción contra las costumbres occidentales, a la vez contra sus emancipaciones y sus desbordes individualistas Pero también el crecimiento de integrismos occidentales, de conservadorismos populistas y de las extremas derechas en los países desarrollados. De ahí los desafíos del terrorismo y de las guerras en Irak y en Afganistán

Hay igualmente una vuelta de tuerca de exacerbación de las delegaciones representativas, pero también del aumento del descrédito de los mercados financieros y del hiperliberalismo, con las nuevas e inmensas intervenciones estatales. Sin embargo, esas intervenciones estatales, no democráticas, que sostienen sobre todo a los bancos y mantienen la dominación de la rentabilidad financiera, han relanzado la especulación, sobre todo sobre las deudas públicas. De ahí la crisis de las deudas públicas europeas y del euro y el enorme riesgo futuro concerniente a los bonos del tesoro de los EE.UU. que poseen los bancos centrales extranjeros y al mismo dólar.

Usted ha hecho propuestas para dominar y superar los mercados del capitalismo mundializado. Usted adelanta también propuestas para dominar y superar el sistema de delegacion representativa del liberalismo. ¿Cuáles?

 Opuestamente a las correcciones ineficaces, hay que dominar y empezar a superar los cuatro tipos de mercados. Para los mercados monetario y financiero, además de crear polos bancarios públicos, eso concernería otro tipo de creación monetaria, desde el Banco Central Europeo y el euro al FMI, con una moneda mundial común, para un nuevo tipo de crédito para la inversión y el empleo y para la toma de deudas públicas destinada a financiar la expansión de los servicios públicos. Para el mercado de trabajo, se trataría de asegurar las carreras laborales, para ir hacia una seguridad de empleo o de formación. Para el mercado de las producciones se trata del avance de criterios de gestión de eficacia social, economizando los medios materiales y desarrollando las capacidades humanas, al igual que avances de la participación pública en la propiedad de las empresas.

Para el mercado mundial, se trataría de cooperaciones y garantías recíprocas, opuestamente a la competencia exacerbada, a los dumpings sociales, fiscales, ecológicos y a los desequilibrios del mercado mundial. Para el desafío ecológico, no podemos contentarnos con aplicar impuestos, multas o subvenciones, se requiere de nuevos criterios de gestión y también de servicios públicos del medio ambiente, cooperando a nivel internacional, por una refundación de los sistemas de producción. Todo esto convergería hacia servicios y bienes públicos comunes de la humanidad.

 Pero todo eso no se puede realizar sin otros poderes, sin otra cultura. Es por eso que se trata de dominar y de comenzar a superar las delegaciones representativas. Esto concierne notablemente a los servicios públicos, con nuevos poderes de los usuarios de cooperación con el personal empleado. Ya sea que se trate de la salud y de la educación o de servicios públicos a crear, como para la primera infancia o para las personas de edad. Los nuevos derechos de los trabajadores y usuarios, en la gestión de las empresas y de los servicios públicos, favorecería sus capacidades para asumir nuevos poderes políticos de una democracia participativa y de intervención en la gestión. Habría una mixtura entre asambleas electas y poderes directos concertados, desde el plano local hasta el plano mundial.

Usted evoca una nueva cultura de toda la humanidad. ¿Qué entiende por eso?

Para una nueva civilización, un dominio de todos los momentos de la vida por cada uno, no alcanza con conseguir nuevos poderes, se necesita una nueva cultura. Eso concierne informaciones sobre las interdependencias sistémicas en todos los dominios de la sociedad, que ya han comenzado a crecer pero que podrían ser impulsadas por la escuela, los servicios públicos y los medios de comunicación. Eso concierne también una nueva ética, nuevos valores de compartir, de respeto de la creatividad de cada uno.

Un nuevo humanismo, no solamente de igualdad de derechos, como en el liberalismo, sino de igualdad de acceso a los medios materiales e informacionales que sostenga la posibilidad de compartir recursos, informaciones, poderes y roles de creatividad. Esto de uniría a una superación de todos los integrismos, incluido un nuevo ecumenismo entre religiones, no solamente de tolerancia, sino de acciones por la paz y por la dignidad creadora de cada ser humano. Más allá de la civilización occidental y de su dominación de toda la humanidad, el desafío de la hegemonía cultural y material, notablemente de los EE.UU. reenvía a la necesidad de una civilización de toda la humanidad. Ella combinaría los valores de libertades individuales occidentales, pero sin el egoísmo y los monopolios, y los valores de comunidad y de solidaridad del Oriente y del Sur, sin las dominaciones jerárquicas.

¿Puede la diversidad de cuestionamientos al capitalismo y al liberalismo favorecer una inédita convergencia de luchas?

Es todo el desafío del avance de la civilización. Hay muy fuertes oposiciones de las fuerzas dominantes a los cambios radicales económicos y sociales. El llamado a las exigencias de nueva civilización, de otra vida, de otros poderes y valores éticos, puede permitir unir más ampliamente contra esas oposiciones. Eso puede contrabalancear el descrédito de las transformaciones revolucionarias, azuzado por las fuerzas neoliberales, a partir de experiencias que derivaron hacia dominaciones estatistas, incluso totalitarias. Se trata también de superar las divisiones populares que se apoyan en enfrentamientos culturales o violentos, mediante medidas democráticas sobre la seguridad social y la cultura.

El desafío concierne la convergencia de todas las luchas. Son las luchas de todas las categorías de asalariados del mundo entero. Son las luchas de emancipación no económica contra las dominaciones sobre la mujer, de generación, sobre los jóvenes y las personas de edad. Son las luchas de las naciones y zonas culturales dominadas y de todas las minorías de inmigrantes. Eso concierne la convergencia de todas las emancipaciones, contra todos los monopolios económicos y sociales, por una civilización basada en compartir y en la intercreatividad de toda la humanidad.

*PAUL BOCCARA, economista e historiador francés, marxista, profesor y conferencista universitario, escritor, director de la Escuela de la Regulación Sistémica en Francia.

**Pierre Ivora, periodista de l’Humanité. Reportaje con motivo de una audiencia efectuada por Paul Boccara en el Consejo Económico, Social y de Medio Ambiente.

***Carlos Mendoza, ingeniero, especializado en temas de economía política, escritor, miembro del Consejo Editorial de Tesis 11.

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