Chile: un presente difuso

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Revista Tesis 11 (nº 121)

(Latinoamérica/Chile)

Claudio Ponce*

En el marco de una embestida de la derecha conservadora en toda América Latina, se puede observar la injerencia en el campo político de los intereses económicos concentrados de cada uno de sus países, asociados a la política exterior estadounidense que pretendió siempre evitar el desarrollo económico y la consolidación de las democracias populares en todo el continente. En el caso de la República de Chile en particular, el futuro político de esa nación se debate entre una continuidad reformista muy moderada y el retorno de los sectores tradicionales representados por Piñera, pero con peligrosos ingredientes autoritarios que ponen en riesgo la democracia y hacen posible la instalación de un Estado de excepción en el país hermano.

La historia de Chile fue muy particular y diferente si se la compara con el devenir de los hechos en la Argentina. Desde la lucha por la independencia del imperio español, la Capitanía del sur del continente nunca se destacó por su rebeldía ya que en general su sociedad se amoldaba muy serenamente al dominio de la metrópoli. “El peso de la noche”, dijo el líder conservador más importante de su historia. El “pasatismo” de una organización social que resistió  los cambios bruscos, fue el elemento fundamental para la perdurabilidad del dominio colonial, y lo fue también para consolidar el poder de una minoría creída en su herencia noble que retrasó todo cambio con objetivos democráticos e igualitarios durante casi todo el siglo XX. En realidad, las huellas de una cultura tradicional con atisbos del Medioevo, pudieron observarse como una fuerte característica social en casi toda Hispanoamérica desde antes de los procesos independentistas, salvo en el Río de la Plata y algunos núcleos venezolanos. Quizás, las Provincias Unidas fundaron esta diversidad en la profundización del mestizaje y en una elite criolla muy influenciada por las ideas de la Ilustración del siglo XVIII.

En lo que refiere nuevamente al país trasandino, el conservadorismo del siglo XIX y el desarrollo de la derecha política durante el siglo XX fueron relevantes en la evolución histórica chilena. “Estamentos” sociales que perduraron en el tiempo impidieron el crecimiento adecuado de ideas orientadas a la profundización de las prácticas democráticas y se mantuvieron en el poder a cualquier costo para evitar la participación popular. La verticalidad política y los gobiernos autoritarios fueron comunes en la historia de la República Chilena. Si bien existieron movimientos de resistencia y luchas sociales, hubo que esperar hasta 1970 para que los sectores de izquierda pudieran conformar un frente con alineamientos ideológicamente cercanos y lograr un breve interregno de gobierno socialista. La “soberbia de clase”, o de “casta”, se hizo notar siempre en la mayoría de la dirigencia política de Chile. En general, parecieran haber mostrado a lo largo de casi dos siglos, un divorcio entre el pueblo y sus funcionarios de gobierno que, más allá de sector político al que representaban, nunca profundizaron medidas que tuvieran como objetivo una mayor inclusión y más igualdad.

El presente chileno, luego de la debacle cultural de la dictadura “pinochetista” y su posterior etapa de “dicta-blanda”, vive un proceso de crisis que está inevitablemente relacionado con el vaciamiento de la política y la instauración de la injusticia institucionalizada desde 1973 en adelante. Si bien volvió a gobernar el socialismo aliado con diversas corrientes de izquierda, la nueva gestión de Michelle Bachelet quedó lejos de las promesas de campaña, y aun más, de las reformas pendientes que nunca fueron completas. En materia de educación, las políticas de Estado esperadas solo arribaron de manera parcial y quedó en veremos la instalación definitiva del derecho ciudadano a la gratuidad de la enseñanza. Las banderas de Camila Vallejos no fueron del todo respetadas y hoy los sectores estudiantiles reagrupan fuerzas para continuar la lucha. Por otra parte, la central de trabajadores comenzó sus lógicos reclamos en un orden social en el que el sentido común de la clase dominante pareciera ser la naturalización de la opresión. De hecho, el conflicto de los mineros lleva más de cuarenta días sin ser escuchado mientras los intentos de reformar la Constitución son impedidos por el sector conservador liderado por Piñera. En este contexto pareciera que la administración Bachelet no se animó a implementar una fuerte transformación, y todo barco que navega en el mar de las ambigüedades no tiene destino. Además, se suma a esta situación una manifestación nunca vista en la historia reciente allende la cordillera, por primera vez más de dos millones de personas marcharon protestando contra la continuidad del régimen de pensión privado que luego de 35 años de su imposición, fue un absoluto fracaso. Más del 10% de los habitantes del país salieron a las calles para expresar su disconformidad con este sistema que solo beneficia a una minoría rica y perjudica a la mayoría de la población. Este tipo de manifestaciones nunca comunes en el contexto socio-político chileno, abre una puerta a la esperanza que el actual gobierno debería aprovechar para acompañar, no solo en función de la reforma de la Constitución Nacional, sino que desde ese cambio llegar a la sanción de las leyes necesarias que garanticen la educación pública y gratuita, y a la vez seguir  promocionando una profunda transformación democrática que posibilite mayor inclusión y justicia social. El riesgo que se corre en la República de Chile quedó demostrado en las consignas cantadas en el acto que promovió nuevamente la candidatura de Piñera a un segundo mandato presidencial: “…Chi, Chi, Chi, le, le, le, viva Chile y Pinochet…” Frente a esta expresión literal del autoritarismo trasandino, queda la reflexión y la capacidad de toda la izquierda del país para unir fuerzas, criterios y transformaciones que impidan el resurgir de un Estado oligárquico y conservador que solo remite al terrorismo pinochetista.

*Claudio Esteban Ponce, licenciado en historia, miembro de la Comisión de América Latina de Tesis 11.

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