Chile Hoy: ¿Existe una Derecha Democrática? (por Claudio Ponce)

Compartir:

Revista Nº 125 (04/2018)

(Latinoamérica/Chile)

Claudio Ponce*

El triunfo electoral de la derecha en Chile muestra la necesidad de dar un nuevo debate frente a muchos teóricos de la ciencia política que piensan que los grupos concentrados del poder capitalista se han “democratizado”. Si bien las razones que hicieron posible el resultado de los comicios fueron de múltiples orígenes, donde los sectores de la izquierda progresista no estuvieron a la altura del llamado de la Historia y fueron responsables de la derrota.


La esencia del discurso de una “derecha democrática” que comienza a difundirse es inaceptable desde cualquier postura de izquierda, entendiendo por este término la profundización de derechos democráticos. En todo caso, cabe preguntarse y pensar el motivo por el cual los trabajadores eligen a representantes de organizaciones políticas enemigas del verdadero sistema democrático.

La nota del 28 de marzo de 2018 del periodista y académico chileno, Juan Pablo Cárdenas, levantada y publicada en el portal Nodal (Noticias de América Latina), estuvo en línea y acuerdo con nuestra visión expresada en el artículo, Chile: 45 años de Democracia Restringida, publicado en nuestra Página Tesis 11 a los pocos días del acto eleccionario de la República de Chile. Este comunicador, que trabaja para la Radio Universidad de Chile, no hace más que lamentar el retorno de Sebastián Piñera a la presidencia del país, preanunciando un retroceso en materia de Derechos Humanos, distribución del ingreso y políticas culturales que pudieran tener la intención de profundizar la democracia. Como fue desarrollado en el artículo de Tesis 11 antes mencionado, luego del análisis de nuestra Comisión de América Latina de Tesis 11, se sostuvo que la principal responsabilidad del triunfo de Sebastián Piñera fue la inoperancia de la izquierda y la burocratización de lo que decía ser “la Nueva Mayoría” que hicieron posible el regreso de la derecha al país trasandino. Según lo mencionado por Cárdenas, coincidimos con él en que, no solo no se llevó a cabo ningún cambio económico profundo, sino que no se cumplieron con las reformas prometidas respecto de las políticas educativas, de Derechos Humanos o de intervención del Estado en la jubilación de los trabajadores.

La apreciación que se hizo desde Tesis 11, y la confirmación de lo sucedido por un reconocido analista del propio país en cuestión, nos obliga a profundizar la investigación respecto de las razones que hicieron posible el voto mayoritario a una derecha tradicional y anti-popular. En realidad, más allá de los respaldos multimediáticos y económicos de la élites concentradas, o los graves errores  de la izquierda política, al igual que en otras sociedades de las naciones latinoamericanas, el “miedo a la libertad” también jugó un papel fundamental en la república chilena para que la oligarquía tradicional llegara al poder en forma institucional. Ese impulso que lleva al “ciudadano común”, poco consciente del contexto sociopolítico, a “delegar el poder” a quienes van a ser sus propios explotadores, solo se puede explicar por el “miedo” a un compromiso que toda persona debería asumir para lograr una sociedad un poco más justa. Ahora bien, también hay que decir que dado el funcionamiento del sistema capitalista establecido, esa actitud podría costar la vida de quienes pretendan lograr alguna transformación en pos de mayor justicia social.

La sociedad chilena es una de las comunidades más conservadoras de América Latina. Su tradición política de culto militarista, junto a la herencia de la cultura colonial que se perpetuó por el accionar interesado de la oligarquía aliada de un clero católico alejado de la propia esencia cristiana, hicieron prevalecer la internalización del temor y el autoritarismo con el objeto de lograr la dominación del pueblo de Chile. Si bien han existido administraciones que intentaron una mayor transformación en pos de lograr más igualdad, lo cierto fue que nunca contaron con el apoyo necesario para vencer la correlación de fuerzas que los enfrentaba al poder tradicional.

La actualidad política de la República de Chile muestra hoy un nuevo retroceso en materia de derechos democráticos. La “Democracia” no es solo la posibilidad de votar. El voto debiera ser el instrumento por el cual se inicia un proceso político que se propone construir y establecer derechos de igualdad en todos los ámbitos de la vida humana. A pesar de que hoy día, por lo menos en Argentina, algunos “analistas” se piensen como intelectuales cultores de la “objetividad” y sostengan la existencia de una “derecha democrática”, la verdad histórica demostró que la derecha nunca fue democrática, y a sus gestiones jamás les preocupó el bienestar de las mayorías. Como deja en claro el profesor y periodista chileno Juan Pablo Cárdenas preanunciando que Piñera solo gobernará para sus aliados, la derecha política es autoritaria y no tiene nada en común con las ideas de la tolerancia y el respeto a los semejantes. En la realidad chilena esto significa no avalar a las peticiones de los estudiantes, no respetar los derechos laborales y tratar como enemigos a los integrantes de los pueblos originarios. Un país que no atiende los derechos básicos de los seres humanos, un Estado que pretende conservar la vieja sociedad estamental de la época colonial, que propone su no intervención en la defensa del ciudadano, es un Estado que intenta naturalizar la desigualdad y se encuentra muy alejado de la democracia y muy cercano al autoritarismo.

El retorno de Sebastián Piñera a la presidencia de Chile se da en un marco más favorable de lo que había sido en su primera vez. Según Cárdenas, esta derecha fortaleció su empatía con los nuevos credos evangélicos y con los sectores católicos conservadores de la propia Conferencia Episcopal chilena garantizando cierta legitimidad para sus políticas neoliberales. Además, ya se observaron movimientos de apoyo de muchos representantes del Partido Demócrata Cristiano, “desencantados” de la alianza Nueva Mayoría y muy dispuestos a dar el “salto oportuno” para avalar a la nueva gestión. Lejos quedaron las esperanzas y promesas del comienzo del segundo mandato de Michelle Bachelet. Más lejano aun quedó el horizonte de posibilidades de una esperada y necesaria reforma constitucional. La alianza que se dijo progresista y que volvió a entregar el gobierno a la derecha, fracasó en su gestión. La abulia de sus dirigentes y la falta de coraje para vencer el temor que inspiran los poderes concentrados de la clase dominante de Chile, hicieron que se mostraran como inútiles. Otra vez triunfó “el peso de la noche”, otra vez se impuso el miedo y la aceptación, consciente o inconsciente, para que sea posible el dominio de una minoría que basa su condición de superioridad en “supuestos valores” de tradición, que no son otra cosa que el egoísmo y la mezquindad de un grupo enquistado en Chile desde el siglo XVIII del imperio español.

¿Cuál será el camino a seguir por los sectores populares de la República chilena? ¿Cómo se logrará vencer la decepción de jóvenes y estudiantes chilenos que confiaron en sus representantes? ¿Cómo empezar de nuevo con la confianza necesaria  sin que el “mito de Sísifo” pueda tentar al sin sentido de la Historia?

La Historia humana es un proceso de avances y retrocesos. Eso no implica fracasos absolutos, por el contrario, los errores y sufrimientos que los pueblos padecen pueden convertir la crisis en crecimiento y desarrollo para la reconstrucción de una sociedad más justa y más perfecta. Para ello, a pesar del desánimo y el peligro que asoma con una nueva gestión de la derecha conservadora, el pueblo chileno, y fundamentalmente la juventud de ese país que ha demostrado ya su capacidad de lucha, deben tomar consciencia que todavía hoy tienen todo por hacer y lograr.

*Claudio Esteban Ponce, licenciado en historia, miembro de la Comisión de América Latina de Tesis 11.

Deja un comentario