Bolivia decide su futuro.

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(Latinoamérica)

Claudio Esteban Ponce*

En octubre del presente año hay elecciones presidenciales en Bolivia. El modelo político que comenzó en el 2006 pone a prueba su continuidad, y el presidente actual, Evo Morales pretende un nuevo mandato con el fin de proseguir con el proceso de transformación más importante que Bolivia inició en los últimos tiempos. El acto electoral merece una breve reseña informativa del contexto político de un país latinoamericano que acompaña el giro político del continente en los primeros años del siglo XXI.

La última década en el devenir histórico de los países de América Latina estuvo signada por cambios políticos y económicos inimaginables durante la hegemonía neoliberal de los años noventa. De aquellas naciones agobiadas por cruentas dictaduras, y posteriormente oprimidas por economías que impedían el desarrollo y concentraban la riqueza en pocas manos, las mismas pasaron a integrarse en lo que se podría denominar como el “Continente de la Esperanza”.

De los Estados de América del Sur que padecieron las consecuencias de los modelos económicos de libre mercado impuestos en el último cuarto del siglo XX, Bolivia fue uno de los más castigados. Este país, pequeño y sin salida al mar, con un record elevado de golpes de Estado, se caracterizó por tener una de las poblaciones con mayor grado de exclusión producto de la discriminación de su mayoría indígena, y de la concentración de la riqueza en un reducido sector social asociado a intereses extranjeros.

La llegada de Evo Morales al gobierno hizo posible la irrupción de los sectores subalternos de la sociedad al ámbito de lo público y al terreno de la praxis política. El giro a la izquierda que significó el modelo político-económico iniciado por el nuevo gobierno, demostró que en el Movimiento al Socialismo boliviano existía un proyecto nacional. Más allá de las campañas difamatorias de la derecha direccionadas a la figura del presidente electo acusándolo de incapaz con el solo y falaz argumento de su origen étnico, las minorías bolivianas enfrentaron por primera vez a una gestión que no cedía a sus presiones y sabía claramente cuáles eran sus objetivos tácticos y estratégicos.

El MAS vino a transformar la política boliviana. A pesar de los intentos desestabilizadores de la derecha local, de los ataques solapados a través de “fundaciones privadas” por parte de los EEUU, y más aún, de reclamos provenientes de movimientos sociales indigenistas, la administración Morales-García Linera llevó adelante profundos cambios que fueron fundamentales para hacer de Bolivia un país diferente. El éxito de estas transformaciones se vio luego reflejado en el consenso obtenido en la reelección del 2009. En la primera elección, Morales había logrado un 54% del electorado, mientras que para su segundo mandato los guarismos treparon a un 64% de los votos que favorecieron a la propuesta oficial. La nacionalización de los recursos energéticos, el replanteo en la distribución del ingreso y la revalorización de la cultura nacional acompañaron el mejoramiento de la calidad de vida de los bolivianos y contribuyeron a que Morales continuara gobernando. La preocupación por solucionar la indigencia a través de los bonos sociales, el incremento numérico de la clase media y el crecimiento económico sostenido del 3,5% al 6,5% que llevó el PBI a 31.000 millones de dólares, fueron también factores concretos que identificaron a Morales con el desarrollo humano de Bolivia.

Hoy se vive un nuevo desafío en este país hermano. Las próximas elecciones pueden ser importantes para la definitiva consolidación de políticas de Estado a largo plazo. ¿Hay posibilidades de que el MAS vuelva a ganar? ¿Se da el mismo contexto político que en elecciones pasadas? ¿Hubo errores pasibles de ser criticados en los dos gobiernos de Evo Morales? ¿Existen nuevas propuestas alternativas o superadoras al oficialismo? Bolivia en la actualidad, ¿Depende de sí misma o el marco externo es muy influyente?

En lo que se refiere al tema electoral que se define próximamente han aparecido nuevas propuestas. Una de ellas, como el Movimiento sin Miedo, fruto éste de la fractura dentro de la alianza gobernante, se muestra como una alternativa superadora al Movimiento al Socialismo. Si bien hoy el MSM no alcanza a ser una amenaza para Evo, este actor se presenta como una interesante opción política que critica al actual gobierno por lo que todavía le falta realizar, por demandas sociales insatisfechas y fundamentalmente por la carencia del MAS en la construcción de líderes. Pareciera que el Movimiento al Socialismo en sus dos gestiones no ha podido eludir una falencia de muchos movimientos populares, los personalismos, y la falta de formación de nuevos dirigentes. En este sentido pareciera que el cuestionamiento del MSM es certero, con el agregado que en este actor se trabajó en este aspecto dando lugar a amplios sectores juveniles y presentando como candidatos al poder legislativo a muchos de ellos. De esta forma, se observa que el contexto político de Bolivia se fue modificando. Ya no es como el 2006, y si bien el MAS hoy no tiene un rival contundente, los planteos de sus antiguos aliados pueden ser un problema a futuro.

La continuidad de Evo no corre peligro. Ahora bien, si se toma en cuenta que el 12 de octubre se eligen además de presidente y vice, 130 miembros de la cámara de diputados y 36 senadores, el Movimiento al Socialismo debería apuntar a una mayor competencia en los cargos legislativos y no confiar solo en que éstos se logren por el arrastre de la elección presidencial. De todos modos, según el Nuevo Herald de Bolivia, Evo Morales domina las encuestas. El Frente Amplio de Unidad Nacional que lidera el empresario Samuel Doria Medina estaría en segundo lugar pero a 37 puntos del primero. La diferencia entre Evo y Doria Medina es de 52 a 15, lo que orienta a reflexionar sobre otros condicionamientos que pueden afectar a Bolivia y no sobre el resultado electoral.

Evo Morales y García Linera representaron y aún lo hacen, al proceso de construcción del socialismo en la sociedad boliviana. Sin embargo es menester aclarar que la posibilidad de continuar el camino a este fin estratégico radica en tener en cuenta otros factores además de la cuestión coyuntural. Uno de ellos pasaría por tener en cuenta las propuestas del MSM referidas a la inclusión y formación de sectores juveniles que tomen la posta en la profundización del modelo en un futuro mediato. Por otra parte, también es necesario prestar suma atención a la transformación cultural interna y a buscar apoyo externo de proyectos análogos en América Latina.

Bolivia debe generar educación y formación política. Debe concientizar la cultura desde sus propias raíces para poder enfrentar de manera más consolidada las acciones desestabilizadoras de la derecha local y foránea. Por otra parte, la continuidad de gobiernos reformistas en Latinoamérica se puede considerar casi crucial para evitar el aislamiento de Bolivia y a la vez funcionar como paragua protector para eventuales intentos golpistas con apoyo externo. El Movimiento al Socialismo inició el tránsito hacia una sociedad más igualitaria y lleva dos períodos en el poder, pero este camino recién comienza. La educación y la gestión del conocimiento se presentan como políticas indispensables para lograr el proceso de liberación socio-cultural y económica. No hay continuidad de un proceso revolucionario sin formación, conciencia y compromiso solidario. Se espera de la nueva gestión del MAS un esfuerzo direccionado hacia estas políticas. La Historia continúa por hacerse…

*Claudio Esteban Ponce, licenciado en Historia, miembro de la Comisión de América Latina de Tesis 11.

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