AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE: ANTE UN GRAN DESAFÍO

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Roberto Papadopulos*

Caracterización del momento actual, fase de la lucha contra el neoliberalismo, los nuevos sujetos sociales, sus organizaciones y la necesidad de la elaboración de una síntesis teórica que guíe las luchas populares por la construcción de una nueva sociedad.

Un momento histórico inquietante

La historia de América latina y el Caribe es, sin duda, muy apasionante. Con momentos de gloria; como toda la heroica lucha por la independencia del yugo español, por la libertad, la segunda independencia y el socialismo. Y otros muy oscuros, como el propio dominio español, los gobiernos que traicionaron los intereses de los pueblos y las siniestras dictaduras cívico-militares, el hambre y la miseria.

En particular los últimos años, desde la Revolución Cubana en adelante, tal vez, sean los más inquietantes, los años donde las luchas de los pueblos lograron más avances en los cambios políticos, sociales y económicos. Consiguieron gobiernos que representan mejor sus intereses, abriendo una etapa que más que una época de cambio es al decir de Rafael Correa, Presidente del Ecuador, “un cambio de época”.

Transformaciones esenciales, profundas, vitales, que no sólo modificaron la estructura económica, política y social de los países de América latina y el Caribe, sino que lograron que los pueblos se pusieran en marcha, se interesaran por su destino.

Así se mejoró la situación económica, desminuyó la pobreza, la desocupación, decreció el analfabetismo, se mejoraron las condiciones de vida de quienes durante décadas vivieron en condiciones, muchas veces, marginales. Creció el empleo, las posibilidades de estudio, la práctica del deporte, el derecho a la salud y esencialmente millones de hombres y mujeres se incorporaron a la vida política creciendo la participación en el debate y construcción de una nueva sociedad, más justa, equitativa, democrática y participativa. (1)

Los grandes desafíos

Este “cambio de época”, nos plantea a los revolucionarios y a los pueblos de América latina grandes incógnitas sobre el presente y el futuro inmediato; en que momento estamos de la lucha revolucionaria, cuales son los caminos a seguir, las fuerzas que llevaran adelante los mismos y como elaborar una estrategia,  que recogiendo todas las múltiples y ricas experiencias que durantes distintos períodos, caracterizaron las luchas del pasado reciente, ayude a orientar a las grandes masas que día a día combaten por consolidar y profundizar los cambios realizados.

La primera gran pregunta que nos hacemos es; en que etapa estamos de la lucha revolucionaria y cuales son sus rasgos principales.   

Para acercarnos a una primera respuesta se debe tener en cuenta la caracterización del mundo actual. El capitalismo vive su tercera gran crisis general. Iniciada alrededor de los setenta dio lugar a un mayor predominio del capital financiero que intentó reestablecer  la tasa de ganancia. Así se impusieron las ideas del consenso de Washington y las políticas neoliberales, que en América latina significaron la liquidación de los estados, la privatización de las riquezas en beneficio de las grandes corporaciones, el crecimiento de la desocupación, la miseria y la indigencia. Para impedir las grandes luchas de resistencia y garantizar sus políticas “neoliberales”, se instalaron mediante golpes de estados, las más sangrientas dictaduras cívico-militares. El terrorismo de estado, asestó un duro golpe a las fuerzas que combatían por cambios y creó las condiciones para la imposición de las ideas “neoliberales”, que en Argentina se consolidaron de la mano del gobierno menemista.
        
Eran tiempos de derrota, la más impactante; el derrumbe de la Unión Soviética y el triunfo de los Estados Unidos, que impuso su modelo económico.  El mundo dejó de ser “bipolar” para convertirse en “unipolar”.

Pero contra estas políticas “neoliberales” y las consecuencias de las mismas comenzó a gestarse una gran ofensiva popular; desde los zapatistas, la convocatoria de FSM, (2001) donde se planteó “otro mundo es posible”, las manifestaciones contra OMC (Seattle 2001), hasta las grandes movilizaciones que, en Argentina, culminaron en las jornadas de Diciembre de 2001, la caída del gobierno de Fernando de la Rúa y el inicio del camino que desembocó en el triunfo de Néstor Kirchner.

En el “patio trasero” del imperialismo comenzaron a producirse importantes grietas; la primera fue el triunfo, luego del frustrado golpe de estado, detención y liberación, de Hugo Chávez en las elecciones presidenciales de 1998. Luego Ignacio Lula (2002), Néstor Kirchner (2003), Tabaré Vázquez (2004), Evo Morales (2005), Correa (2006), Daniel Ortega (2006) y Fernando Lugo (2008).

Caracterización del momento

En el plano institucional el cambio fue significativo. La región pasó a tener, como nunca en su historia, gobiernos democráticos y populares, representantes de los intereses de sus pueblos.

Sin embargo estos gobiernos, consecuencia de las grandes luchas, participación y avances en el reagrupamiento de las fuerzas populares, no se plantearon la ruptura terminante e inmediata, de los “modelos neoliberales” que habían logrado imponer sus ideas. Aunque lo abandonaron como paradigma de las políticas a seguir.  Y muchos de los importantes cambios conseguidos hasta ahora,  se produjeron manteniendo el predominio del sistema capitalista. Algunos, como en el caso de Argentina, planteando la idea de lograr un “capitalismo menos salvaje, un capitalismo en serio”. 

Según Emir Sader (2) “El destino del neoliberalismo en el continente no está definido, sea porque en algunos países se lo mantiene ortodoxamente, sea porque continúa de una u otra forma  en varios de los países del continente como, Brasil, México, Argentina, Colombia, Chile, Perú, Uruguay y Costa Rica, en un mundo dominado por él”.

Se inició así, un proceso, contradictorio, caracterizado por enormes avances políticos; derechos humanos, libertades públicas, participación activa de inmensos sectores populares en la discusión de la sociedad a construir, y una política exterior de paz, de activa participación en el diseño de un mundo nuevo, multipolar y muy especialmente de avances en la integración regional; el despliegue del MERCOSUR, UNASUR, la CELAC y el ALBA. La idea, en curso, de la constitución del Banco del Sur y el Consejo de Defensa Sudamericano. En resumen, la puesta en marcha de las ideas de Simón Bolívar, San Martín, y tantos otros patriotas de la formación de una Patria Grande. Como dijo el Comandante Hugo Chávez  en la reunión de Caracas del 2 de diciembre, al nacer la CELAC: “¡O somos una Patria, o no seremos Patria! ¡O hacemos la única Patria Grande, o no habrá Patria para nadie en estas tierras!

Se avanzó en el diseño y aplicación de políticas sociales, educacionales, y sanitarias muy importantes. Centenares de proyectos regionales comenzaron a llevarse a la práctica; médicos cubanos en Venezuela por petróleo para Cuba, construcción del ferrocarril en Bolivia que unirá el Atlántico con el Pacífico. Acuerdos en la esfera de la energía, metalurgia, producción agropecuaria, la ciencia, la técnica y la medicina. Además, por primera vez, crecieron los acuerdos y el intercambio con potencias extra-continentales emergentes, como China, la India y Rusia. Se avanzó en la integración constituyendo el BRICS, donde Brasil décima economía mundial y principal socio de Argentina, lo integra junto a Rusia, India, China y Sudáfrica. Nunca antes en la historia de América latina y el Caribe se había planteado esta realidad.

Hay en marcha una larga etapa de transición, caracterizada por enormes avances políticos y sociales, por la irrupción de enormes masas, especialmente de jóvenes a la lucha, y un re-agrupamiento de fuerzas que se perfilan como los motores de los cambios en la construcción de una sociedad distinta; libre de la pobreza, el analfabetismo, una sociedad más equitativa y participativa. Y en el plano económico el predominio, aún, de la estructura resultante de las políticas neoliberales. Sin embargo, importa señalar, que existen en la región acciones de los gobiernos que lentamente van, mediante la estatización de muchas empresas, constituyendo un “sector estatal cada vez más fuerte”. En Venezuela la nacionalización de la renta petrolera, una parte de la banca y las comunicaciones e importantes transformaciones institucionales a partir de la nueva Constitución. En Bolivia, el gas, aeropuertos y la re-distribución de energía y la revolución agraria. En Argentina, el agua, la línea aérea de bandera, la jubilación privada, la modificación de la Carta Orgánica del BCRA, y la posesión de las acciones de YPF, la enorme disputa a partir de la sanción de la Ley de Medios. En Brasil avances en la distribución de la tierra. En Ecuador, también con una nueva Constitución Nacional. Así mismo se registra la presencia, cada vez más fuerte, de los “Estados” en el diseño de políticas  independientes que tienen que ver con las necesidades nacionales y regionales. Son pasos en la lucha por desmontar las políticas “neoliberales” y crear las condiciones en la construcción de una nueva sociedad. En este proceso es bueno destacar la discusión lanzada por el gobierno bolivariano de pensar en un socialismo del siglo XXI. 

La contraofensiva de la derecha

Pero estos avances preocuparon, también, a las derechas reaccionarias de todo el continente que vieron peligrar sus “derechos e intereses”. Por eso, a partir de 2007, comenzaron a montar la idea de una contraofensiva, no sólo, desde la presión económica –como hoy es visible en nuestro país con el precio del dólar y el espiral inflacionario-, sino desde el poder mediático y la participación activa en los intentos de golpe de estado en Venezuela (Abril del 2002) -y hoy, a días de las elecciones presidenciales del 14 de Abril, intentan montar una provocación a partir de los acuerdos con Cuba-, en Bolivia,  Ecuador y Honduras, o la rebelión de Gendarmería y alguna policía Provincial, en Argentina, también fogoneada por los medios de comunicación. La historia reciente demuestra que son capaces de hacer uso de la fuerza, de gestar guerras de “baja intensidad”, invadir, mentiras mediante, países, como así también intervenir directamente, con la excusa de “la falta de libertad”, “el peligro atómico” y otras falacias. En este panorama, sería un error, subestimar el papel y el potencial de toda la derecha mundial.

Considero que en este contexto se puede inscribir, junto a la profunda crisis que vive la Iglesia Católica mundial, la elección de un Papa latinoamericano, con rasgos que se distinguen, aún con todas las sombras que expresa su papel y el papel de la iglesia en Argentina, no sólo durante la última dictadura militar, sino en la historia de la independencia nacional y la formación de los estados nacionales de toda América latina, de los anteriores, en especial de Joseph  Ratzinger (Benedicto XVI) miembro de las juventudes hitlerianas y soldado de las tropas de Hitler durante la Segunda Guerra Mundial. Así queda planteado una agudización de la lucha ideológica y política por la hegemonía de los sectores populares, donde la actitud de las masas cristianas y la corriente de curas que adhieren a la Teología de la Liberación, juegan un importante papel en la posibilidad de cambios internos de la propia iglesia y al sumarse decididamente a la lucha por una sociedad más justa y equitativa.       

Los nuevos sujetos sociales

Otra gran pregunta planteadas es; cuales serán las fuerzas que llevaran adelante este proceso.
La historia de la región está plagada de luchas, de trabajadores, campesinos, hombres y mujeres. Estas luchas adquirieron distintas formas de resistencia; en algunos casos armada y en otras pacífica. Pero la agudización de la crisis general del capitalismo y las consecuencias sobre América, hizo aparecer en escena otros sujetos sociales: piqueteros, cartoneros, desocupados, movimientos sociales asentados en las barriadas populares y a los pueblos originarios. También otras organizaciones y formas de luchas, que ocuparon el repliegue del papel de los trabajadores que fueron desocupados y perdieron peso específico producto del retroceso de la producción y el aumento de la especulación financiera.  Se debe agregar la crisis de credibilidad que sufrieron y sufren muchos viejos partidos políticos, que ante las consecuencias de las políticas neoliberales, conciliaron, aceptaron y en algunos casos contribuyeron a la aplicación de dichas medidas.

Todas estas fuerzas sociales aparecen en el escenario de la nueva realidad de América latina y el Caribe, expresada en los distintos movimientos que son el sostén de cada gobierno democrático y popular; El Movimiento 26 de Julio devenido en el Partido Comunista de Cuba, El Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua, La Revolución Ciudadana en Ecuador, el MAS, las organizaciones de los pueblos originarios y la COB de Bolivia que parieron un estado plurinacional, el Movimiento V República que desembocó en el Partido Socialista Único de Venezuela, el Partido de los Trabajadores y el Movimiento de los sin Tierra en Brasil, el Frente Amplio en Uruguay, la Unión Patriótica en Colombia, el Kischnerismo y el incipiente Movimiento Unidos y Organizados en la Argentina.

Estas fuerzas, junto a centenares de diversas organizaciones, deben superar cierta estrechez y en especial retrazo en consolidarse (ej. Argentina). La incorporación masiva de hombres y mujeres jóvenes a la lucha, la búsqueda de las formas de organización acorde con las tradiciones y realidades concretas de cada país, garantizarán el papel de sujetos sociales que actuarán como herramienta  principal, no sólo como sostenes de la situación actual, sino como los motores de la consolidación y profundización de los proyectos populares.

Avanzar en la elaboración de una teoría para este “cambio de época”
   
Otra gran pregunta para los revolucionarios es como avanzar en la elaboración de una estrategia revolucionaria que sintetice las grandes tradiciones de lucha y las formas que esta adoptó en este largo camino y pueda contribuir a guiar la batalla por consolidar y profundizar lo ya logrado, para que desemboque en una sociedad de nuevo tipo. Socialista o como quiera llamarse.

 “América latina, un continente de revoluciones y contrarrevoluciones, carece de pensamientos estratégicos que orienten procesos políticos ricos y diversificados que estén a la altura de los desafíos que enfrenta. A pesar de contar con una fuerte capacidad analítica, importantes procesos de transformación y dirigentes revolucionarios emblemáticos, el continente no produjo la teoría de su propia práctica”  (3).

Es justo señalar que si bien “las izquierdas latinoamericanas –en muchas partes identificadas todavía con el pensamiento desarrollista y la tradición teórica anterior a la globalización-, denunciaron las tesis neoliberales y sus graves efectos sociales y pronto advirtieron que ese fracaso iba a ocurrir, no por ello dispusieron de lo necesario para sistematizar y contraponer otra alternativa más acertada y concretamente factible” (4)     

La solución del dilema que se expresa en el avance del factor objetivo (un capitalismo en crisis y sin soluciones a los graves problemas de la misma) y el retrazo, aún, del factor subjetivo (desarrollo de la conciencia, en lo ideológico, cultural y psicológico) y el grado de organización, debe ser acompañando de la necesaria síntesis  de la rica experiencia de las fuerzas revolucionarias de nuestro continente y del resto del mundo. Ideas que, debate por medio, contribuirán a disponer mejor las fuerzas revolucionarias en la difícil tarea de superar las ideas “neoliberales”, consolidar lo conquistado e impulsar el proceso hacia delante.

El debate, aún no saldado, sobre “reforma y revolución” “el papel de la democracia y las libertades públicas”, “el carácter de la unidad en las actuales condiciones” “el papel de la clase obrera y los sindicatos, los campesinos, los pueblos originarios, las mujeres y las organizaciones sociales”, “la combinación de las distintas formas de lucha”, el “factor ideológico, político, cultural y psicológico” son, sin duda, algunos de los temas para debatir.

Tampoco podemos olvidar el papel que hoy juegan los “medios de comunicación” en la construcción de una realidad subjetiva, que convierten en objetiva. Hoy en su mayoría, lo grandes medios en América latina, pertenecen a grupos económicos concentrados, lugar desde donde fogonean, día a día, no sólo su visión de la realidad, sino que trabajan en la construcción de una ideología y psicología, que engañan y desorientan a las masas.
 
Si bien, han crecido los trabajos de elaboración teórica y de análisis histórico de las mismas, como lo refleja la producción de Álvaro García Linera –vicepresidente de Bolivia, los múltiples trabajos de Emir Sader, Director Ejecutivo de CLACSO (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales) y los de Nils Castro, entre otros, aparecen aún insuficientes y demandan un mayor esfuerzo colectivo.

*Roberto Papadopulos, periodista, miembro del Consejo Editorial de Tesis 11 

1) Alicia Bárcena (secretaria ejecutiva de la CEPAL) destacó en ocasión de la VI Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno. Abril de 2012, que gracias a la acción decidida de los Estados, la región ha visto disminuir en las últimas dos décadas el número de personas que vivían en la pobreza, de un 48,4 % (1990) a un 30,4 % (2011).  La extrema pobreza o indigencia disminuyó casi 10 puntos, pasando del 22,6 % al 12,8 % de la población, señaló, mientras el empleo aumentó en cantidad y mejoró en calidad.
2) Emir Sader: El Nuevo Topo Pág. 189
     Editorial Siglo XXI
3) Ídem, Pág. 107
4) Nils Castro: Las Izquierdas latinoamericanas en tiempo de crear.
     Editorial UNSAM
     Pág. 195

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