¿Adonde nos Lleva la Actual Crisis Sistémica del Capitalismo?

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Dossier sobre la crisis mundial (artículo 5 de 7).

Carlos Mendoza*

El capitalismo monopolista, globalizado y hegemonizado por el capital financiero, cuenta con una formidable base económica y una correspondientemente extraordinaria superestructura institucional e informacional internacionalizada para regular la crisis en su beneficio. Pero, contradictoriamente, esto supone también elevados espacios en disputa para los asalariados y demás sectores populares, de una potencialidad de nuevo nivel cualitativo para el desarrollo de la histórica lucha de clases, a través de un creciente participacionismo democrático.

 Introducción

 

En artículos anteriores, en esta revista, me he referido a la actual crisis sistémica y global del capitalismo desde aspectos tales como el financiero (1) y la intervención del Estado en la regulación de la crisis (2). El objeto del presente artículo es reflexionar sobre las contradicciones que genera el desarrollo capitalista y como se expresan en los niveles de estructura y superestructura, en su actual crisis sistémica.

 

La profundidad de la crisis conlleva el riesgo de llevarnos a pensar de una manera lineal y mecanicista en cuanto a su devenir: Por un lado, podríamos creer que el capitalismo, al no poder resolver sus problemas de esencia, terminará por autodestruirse. Por otro lado, podríamos por el contrario concluir que el capitalismo, con la  creciente capacidad potencial de regulación superestructural que genera, podrá eternizarse y jamás ser superado.

 

Sin embargo, tratando de reflexionar sobre el desarrollo y resolución de las contradicciones del sistema, es decir dialécticamente, tal vez podamos encontrar que la evolución capitalista tiene final abierto y que parecen tener confirmación las ideas de Marx sobre que, en su evolución, el capitalismo generaría las condiciones objetivas para su superación por un sistema de carácter social cualitativamente más elevado, dependiendo de la lucha de clases que el sujeto social objetivamente interesado en esto, fundamentalmente la clase asalariada, pueda concretar este gran paso histórico.

 

El Rol Histórico Progresista del Capitalismo

 

El desarrollo contradictorio del capitalismo, en términos históricos, ha tenido objetivamente carácter progresista. A través de “sangre, sudor y lágrimas” ha desarrollado extraordinariamente las fuerzas productivas, transformado a los ciervos del feudalismo en asalariados y al pueblo en ciudadanos iguales ante la ley. Ha globalizado el mercado y el capital, con lo que ha impulsado las migraciones humanas en todo el mundo y la consecuente mezcla de etnias y nacionalidades. Ha traspasado los límites de los estados nacionales y ha empezado la construcción de estados e instituciones multinacionales. Ha desarrollado los transportes y las comunicaciones e interconectado todo el mundo y, ahora, en tiempo real. Tiende a crear un solo pueblo en una sola nación planetaria.

 

Pero el capitalismo funciona regido por sus leyes de esencia, que actúan como tendencias inmanentes en su seno y que generan contradicciones que provocan su recurrencia sistemática a la crisis, que se expresa cada vez en niveles más elevados, a saber:

–          Utilización del desarrollo científico y técnico para reemplazar fuerza de trabajo humana por máquinas, siendo contradictoriamente que la fuerza de trabajo es la única fuente de generación de valor y, por lo tanto, de rentabilización del capital invertido, lo cual genera una tendencia a la caída de la tasa de ganancias.

–          Proceso de acumulación, concentración, centralización y, consecuentemente, monopolización del capital, que limita crecientemente la competencia, que sin embargo es el motor impulsor del sistema.

–          Tendencia al exceso de producción, para la demanda solvente, debido a que el reemplazo de asalariados por máquinas implica reducción de consumidores en el mercado.

–          Como consecuencia de todo lo anterior resulta una tendencia al exceso de capital invertido, ya que la parte menos eficiente del mismo, generalmente PYMES, no logra colocar su producción ni rentabilizar su capital, fenómeno que retroalimenta la centralización del capital en monopolios cada vez mayores y la tendencia a la crisis, que cada vez afecta más profundamente a los propios monopolios.

 

Estos fenómenos se han acelerado con el advenimiento de la nueva revolución científico-técnica, denominada “revolución informacional”, que tiende a completar el proceso de reemplazo de la mano del hombre por la máquina, que fue típico de la revolución industrial, e inicia el de reemplazo de funciones del cerebro humano por la máquina.

 

El capitalismo, en esta época de hegemonía monopolista en los mercados, incorpora la revolución informacional aplicando los mismos criterios de gestión de la época de la revolución industrial y de la libre competencia de mercado. Entre otras cosas, el resultado es que sigue tratando de explotar al máximo la fuerza de trabajo, invertir el mínimo en su capacitación, y acelerar el reemplazo de hombres por máquinas, lo cual genera tendencia a la desocupación creciente y permanente y a la insuficiente calificación de la fuerza de trabajo. Además de agravar la tendencia a la insuficiencia de demanda solvente. Contrariamente a esto, lo que la revolución informacional requeriría, para su utilización eficiente en términos sociales, sería de un sistema permanente de empleo y formación garantizado para toda la ciudadanía en condiciones de trabajar.

 

Por otro lado, los monopolios, aceleradamente internacionalizados, concentrando capital industrial, agropecuario, comercial y financiero y bajo el creciente control del capital financiero, han utilizado cada vez más en su servicio al Estado, nacional y multinacional, en lo que se denomina sistema del Capitalismo Monopolista y de Estado, que funciona esencialmente a favor del interés monopolista privado, lo cual le genera al Estado déficit, corrupción, burocratismo e ineficiencia, agravando así las tendencias a las crisis,

 

Agotamiento del Rol Histórico, Decadencia y Parasitismo

 

Los crecientes problemas causados por sus contradicciones inmanentes, han generado crisis a lo largo de la historia del capitalismo, que han ido pasando de ser cíclicas, en la época de la libre competencia, a tener carácter permanente en esta época de monopolización hegemónica y del sistema del Capitalismo Monopolista y de Estado.

 

Para contrarrestar sus dificultades para rentabilizar el capital invertido en el proceso productivo de bienes y servicios necesarios para la población, los monopolios recurren crecientemente a actividades parasitarias, tales como la especulación financiera y la producción de armas.

 

Como ejemplo reciente de la especulación financiera tenemos la crisis desatada en EE.UU. por el desenfrenado otorgamiento de préstamos hipotecarios sin consistencia, sin considerar que los deudores tendrían limitaciones crecientes para pagarlos, debido a sus limitados ingresos, a lo que se sumaron los productos financieros derivados armados con tales créditos hipotecarios, lo que constituyó la formidable burbuja especulativa que finalmente estalló.

 

Como ejemplo actual de la producción y venta de armas tenemos la crisis griega que, entre otras cosas, se desató cuando resultó evidente que el estado griego no podría seguir pagando su deuda externa, alimentada por la combinación de ventas de sofisticado y muy costoso armamento, fabricado por los países desarrollados y el financiamiento a Grecia, entre otras cosas para que pudiera seguir comprando armas, a pesar de su creciente déficit fiscal.

 

Como gran expresión de parasitismo económico tenemos asimismo el caso de EE.UU. que desde los acuerdos de Bretton Woods, luego de la segunda guerra mundial, cuando se estableció el dólar como moneda mundial y, sobre todo, luego de que Nixon decidiera, en 1971, declarar unilateralmente la inconvertibilidad del dólar con el oro, ha estado financiando sus fenomenales déficits fiscal y comercial mediante la emisión de dólares sin contravalor y títulos de deuda pública.

 

Por supuesto que a esto se agregan los graves problemas ecológicos generados por el tipo de desarrollo basado fundamentalmente en las necesidades de los monopolios, sin consideración del interés social, que se expresa en particular en la explotación depredadora de la naturaleza y las graves consecuencias planetarias que genera.

 

Formas de Utilización de la Institucionalidad y de la Regulación, para Enfrentar la Crisis.

 

A diferencia de la gran crisis del 30, del siglo pasado, donde al inicio se intentó que el mercado resolviera libremente el problema, lo cual no hizo sino agravarlo, esta vez los estados nacionales, como EE.UU. ante la crisis hipotecaria y la Unión Europea ante la crisis de déficit fiscal y peligro de default de Grecia y otros países europeos, intervinieron fuertemente para enfrentar el problema. Claro que lo hicieron utilizando fondos gubernamentales y de la Reserva Federal norteamericana, del Banco Central Europeo y del FMI, para fondear a los bancos y empresas financieras en problemas y para prestarles dinero a los países europeos en dificultades.

 

En EE.UU., el problema mayormente se enfrentó utilizando su imprenta de fabricar dólares, dinero universal sin contravalor, impulsor de inflación internacional que afecta sobre todo a los sectores populares. En Europa, se enfrentó el problema condicionando la ayuda a los países en dificultades a que realizaran ajustes fiscales bajando el gasto social. Es decir, utilizar los dineros públicos y la emisión monetaria para salvar a los bancos y financieras y para sostener las adquisiciones de armas de países como Grecia, que es gran comprador en proporción a su PBI, descargando el fardo sobre las espaldas de los asalariados.

 

Aun cuando está claro el carácter pro monopolista de esta intervención estatal de los países centrales del capitalismo, es también notable la capacidad para regular la crisis que ha generado el sistema, particularmente mediante la institucionalidad multinacional en pleno desarrollo.

 

La tendencia capitalista a la globalización ha generado, superestructuralmente, la aparición y desarrollo de organizaciones multiestatales, como la Unión Europea y la incipiente UNASUR; acuerdos económicos regionales, como el NAFTA en América del Norte, MERCOSUR, ALBA y CAN en América del Sur, ALBA, MCCA y CALC en América Central, ASEAN en el Sudeste Asiático, COMESA en África y otros; bancos multiestatales como el Banco Central Europeo o el Banco del Sur en Sudamérica; instituciones internacionales de consulta como el Grupo de los 20 y otras. Esto ha venido a sumarse a instituciones internacionales creadas después de la segunda guerra mundial, como Naciones Unidas, el FMI, el Banco Mundial, la OMC y el GATT, la Corte Internacional de Justicia de La Haya y otras.

 

Es muy evidente la enorme diferencia que representa la actual institucionalidad multinacional respecto de la fragmentación y enfrentamiento que tenían los países más desarrollados del capitalismo, cuando sus contradicciones los llevaron a resolver las crisis capitalistas generales mediante guerras mundiales. Nadie puede descartar aun las salidas bélicas, pero es muy notorio que el sistema ha desarrollado mediadores y reguladores de gran potencialidad, para la resolución pacífica de las crisis, como se está viendo con la presente, a pesar de su gran magnitud y profundidad. Aun cuando esas soluciones tengan carácter de clase oligárquico pro monopolista y descarguen la crisis sobre los asalariados y el pueblo.

 

Otro extraordinario desarrollo, durante la etapa histórica capitalista, ha sido la creación de sistemas comunicacionales como internet y sus herramientas, tales como el correo electrónico y las redes sociales virtuales, como ser Facebook, Twitter y otras que, sumadas al notable fenómeno de la TV satelital, constituyen extraordinarios medios de comunicación, información, interacción y vinculación social participativa. Por supuesto que la utilización de estas herramientas potencian el funcionamiento del capital y, lamentablemente, permiten en un nuevo nivel cualitativo las operaciones del capital financiero especulativo. Por otro lado, los monopolios, nacionales y cada vez más multinacionales, hegemonizan los medios de comunicación y difunden a través de ellos la ideología que conviene a sus intereses.

 

Pero, si bien la creciente institucionalidad internacional y los nuevos y formidables medios electrónicos de comunicación mencionados, son utilizados en su favor por el capital monopolista y su sector hegemónico financiero especulativo, lo cual puede llevarnos a pensar que los problemas no harán sino profundizarse, en perjuicio de los pueblos, resulta que esas herramientas constituyen al mismo tiempo una extraordinaria base potencial para el desarrollo de la democracia y, más aun, para la democracia participativa y autogestionaria, superadora de la sola democracia representativa y delegataria. Y la democracia, en su desarrollo, implica en última instancia la evolución de lo racional, que es lo que caracteriza el proceso de humanización de nuestra especie.

 

El retroceso que produjo en los sectores progresistas la caída del denominado “socialismo real” en Europa del este, primer intento sistemático de superación del capitalismo, hizo teorizar a algunos sobre el “fin de la historia”, entendido como triunfo definitivo y eterno del capitalismo y fin de la lucha de clases. Pero, la realidad siguió demostrando que mientras la sociedad siga dividida en clases sociales, con clases explotadoras y clases explotadas, la lucha de clases continuará. Lo que cambian son las formas, metodologías, organización, programas y vías, de ese proceso histórico.

 

El capitalismo ha desarrollado una formidable base económica, aceleradamente globalizada y hegemonizada por los monopolios transnacionales, pero al mismo tiempo ha generado una extraordinaria y compleja superestructura institucional y comunicacional, que constituye un cada vez más elevado espacio en disputa, objeto de la lucha de clases, como podemos ver recorriendo algunos ejemplos:

 

  • El monopolismo utiliza la institucionalidad multinacional para fondear a los bancos en crisis y para imponer políticas de ajuste social a los países en problemas, como actualmente en Europa; pero eso legitima las propuestas progresistas de una regulación de nuevo tipo, de carácter y eficiencia social, como por ejemplo las de las denominadas escuelas de la regulación, como ser la Escuela de la Regulación Sistémica de Francia, con fuerte incidencia sindical y en la izquierda francesa y europea, que propone, por ejemplo, que el Banco Central Europeo emita euros para financiar a los países miembros, principalmente a aquellos con más dificultades, con el condicionamiento de que lo inviertan en servicios sociales, infraestructura y proyectos que generen trabajo y en calificación de la fuerza de trabajo, como forma de reactivar la economía.

 

  • El capitalismo Monopolista y de Estado genera, en un nuevo nivel cualitativo, como hemos dicho, tendencias al exceso de producción (no para las necesidades sociales, sino para la capacidad de la demanda), al exceso de capital invertido, a la desocupación creciente y a la insuficiente calificación de la fuerza de trabajo, para las necesidades de incorporación de la revolución informacional; pero esto provoca que desde los sectores progresistas se contrapongan otras soluciones, que se concretan en organización y acción, a favor de una regulación económica de eficiencia social a nivel de las empresas, basadas en la producción de valor agregado disponible para salarios, gastos sociales y formación de la fuerza de trabajo y de institucionalización de un sistema permanente de empleo y formación para todos. Sin la lucha sindical y de los sectores progresistas, que impulsan la regulación estatal para contrarrestar la tendencia capitalista actual al desempleo crónico y creciente, este sería aun mucho mayor.

 

  • Los monopolios logran imponer crecientes ventas de armas, cada vez más sofisticadas; pero esto hace evidente ante los ciudadanos el parasitismo de tales inversiones, cuando simultáneamente se aplican medidas de ajuste social contra los sectores populares, lo que provoca las correspondientes reacciones democráticas, pacifistas y por el desarme, de organizaciones sociales, sindicales, culturales y políticas.

 

  • Los EE.UU. inundan el mundo de dólares sin contravalor; pero el fenómeno es cada vez más percibido y resistido e, incluso, provoca el desarrollo de medidas para independizarse del dólar como moneda mundial de hecho, mediante la creación de monedas regionales, devenidas mundiales, como el euro. Además de que EE.UU. depende crecientemente de que países como China, que se reclama socialista, le sigan comprando títulos de la deuda externa y sigan acumulando dólares en sus bancos centrales, lo cual limita cada vez más el margen de maniobra del principal país imperialista.

 

  • La globalización del capital provoca el aumento de las migraciones humanas, lo cual es resistido por sectores conservadores, muchas veces con racismo y xenofobia; pero al mismo tiempo se produce la mezcla de etnias y nacionalidades y el crecimiento en todo el mundo de las luchas por la tolerancia, la aceptación y la regulación racional y humanística de esta tendencia.

 

  • El capital monopólico se globaliza y organiza cada vez más internacionalmente, lo que acrecienta su poder a nuevos niveles; pero a esto se corresponde la internacionalización de la organización de los trabajadores, en institucionalidades regionales y mundiales de sindicatos y centrales de trabajadores, a lo que se suman cada vez más foros internacionales de partidos políticos, organizaciones sindicales, sociales y culturales, del campo progresista.

 

  • Las grandes empresas mineras y petroleras agreden el medio ambiente a escalas cada vez mayores; pero esto genera el crecimiento del movimiento ecologista y sus organizaciones no gubernamentales en todo el mundo, al igual que su interacción.

 

Y así podemos continuar con los ejemplos del contradictorio proceso de un capitalismo que va generando una base económica cada vez más monopólica y parasitaria, pero que al mismo tiempo provoca el desarrollo de una institucionalidad cada vez más internacional y sofisticada, que constituye un espacio cada vez más elevado, que es potencialmente objeto de disputa en el proceso crecientemente democrático de la lucha de clases. El “fin de la historia”, soñado por algunos ideólogos capitalistas como fin de la lucha de clases, resulta así para ellos tan inalcanzable como el horizonte. 

(1)   Crisis Financiera. Crisis Sistémica. Carlos Mendoza. Tesis 11 nº89.

(2)   La Intervención del Estado en la Actual Crisis Sistémica del Capitalismo. Carlos Mendoza. Tesis 11 nº91. 

*Carlos Mendoza, ingeniero, escritor, especializado en temas de economía política, miembro del Consejo Editorial de Tesis 11. 

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