Adiós a un militante


Martes 26 de Enero de 2010

HORACIO RAMOS* Alberto Kumpel

Adios a un militante

Soplaban vientos de tragedia en el mundo a comienzos de la década del ’30,ya que en Alemania
era plebiscitado Adolfo Hitler por cerca de 40 millones de votantes; en este sur americano dolía la guerra entre Paraguay y Bolivia, y en Uruguay, Terra asume la totalidad del poder en medio de una feroz represión contra los sectores populares.

Asimismo, en nuestro territorio salpicado por las aguas turbias del Río de la Plata ,moría Hipólito Irigoyen; se firmaba el ignominioso pacto Roca-Runciman que entregaba nuestro patrimonio ganadero al monopolio británico; se fundaba el Banco Central con intervención de los bancos privados, mientras la miseria golpeaba los hogares obreros, creciendo en el puerto «Villa Desocupación».No obstante, a pesar de todo, Raúl
González Tuñón creaba la revista «Contra»; Spilimbergo obtenía el primer premio de pintura en el Salón Nacional y en los cines se estrenaba «Tango»,la primera película sonora argentina. Por esos años, en 1933, nacía en el antigüo barrio de Chacarita, Alberto Kumpel.

Tiempo arriba, en plena adolescencia, en su afán de búsqueda de un mundo más justo, más humano, Alberto se incorporó a la Federación Juvenil Comunista y luego al Partido, donde encontró el refugio adecuado para sus aspiraciones de horizonte. En el marco de su tenaz militancia, de repente descubrió el amor inevitable en
Mary, su gallega del alma, con quien compartió 50 años de entrañable ternura que iluminaron después sus
hijos, Carlos y Daniel, y los cinco nietos que desplegaron sus alas ante los ojos asombrados de los abuelos.
En los años que corren desde 1973 a 1986, Alberto fue titular del PC en Tucumán, provincia oscurecida
por el terror genocida de Menéndez y Bussi que lo obligaba, junto con su familia, a ir viviendo en permanente
zozobra en casas distintas, y sentir además pérdidas irreparables como a desaparición de Coca Cosentino, la responsable femenina de su secretariado.

Restaurada la democracia en el país, luego de una profunda reflexión, Alberto se incorporó a «Tesis 11»,
donde su gran experiencia política contribuyó a desbrozar las malezas que a veces obstaculizan la comprensión de este complejo momento argentino, que sin embargo va diseñando un proyecto estratégico
para nuestra Patria que posibilite el surgimiento de un paisaje eminentemente nacional, popular, de raíz plural
y democrática. Por otra parte, a través de su libro: «¿Metáforas, aforismos, poemas y sólo reflexiones?», Alberto trató de arrimar su «fueguito» al ámbito de la polémica actual, tan necesitada de páginas que nos ayuden a pensar y derrotar nuestros propios fantasmas.

Lo conocí aquí, en «Tesis 11», y de inmediato observé en su templanza la presencia de un compañero necesario, cálido, de espontánea sencillez, cuya nobleza y solidaridad se expandía apenas respiraba.
Se nos fue casi en puntas de pie, tal como era la modestia que lo caracterizaba, justo cuando ya el mes de
noviembre se tuteaba sin pausa con el aire. Por supuesto, la Primavera seguía estremeciendo a Buenos Aires.

* Escritor, intregra el Consejo de Redacción de Tesis 11.

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