A ciento cincuenta años de la aparición de El Capital

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Revista Tesis 11 (suplemento especial)

Alberto Viñazky*

Se cumplen ciento cincuenta años de la aparición de El Capital, situación que ha permitido renovar el debate sobre las afirmaciones realizadas por Carlos Marx, que permitirán ampliar significativamente la comprensión sobre las condiciones que atraviesa el sistema capitalista.

Por las contradicciones del sistema capitalista existe en la actualidad, una situación de sobreacumulación y superproducción de mercancías, que es una consecuencia de la tendencia inherente del capital a exceder las proporciones adecuadas de producción. Se refleja socialmente en la crisis planetaria de larga duración que amenaza seriamente la supervivencia de la humanidad, haciendo que el sistema sea cada vez más destructivo e incontrolable, abriendo las perspectivas de que arrastre a la humanidad a la barbarie.  El transcurso de este período, como en las crisis de 1873 y 1929 (que llevaron a las dos Guerras Mundiales), está trastocando la anatomía mundial tanto en términos económicos, como políticos, geopolíticos y sociales. Se observa asimismo en el profundo escepticismo de la burguesía con respecto a las potencialidades futuras del sistema que le da razón de ser. Las posibilidades de reformar las instituciones financieras multilaterales, como el FMI o el BM tienen nulos avances, mientras que la globalización neoliberal, que ya no es más el motor de la economía mundial, está pronta a estallar en mil pedazos. Precisamente la globalización ya no cuenta con una arquitectura política o una nación hegemónica o un concierto de grandes potencias que definan y administren las reglas de juego y sean capaces de contener los mecanismos auto destructores del sistema. Actualmente, no parece que EE.UU. pueda mantener su rol de líder y garante del sistema para gestionar políticamente el orden mundial, cuando su economía y su clase política se encuentran atravesando un período de opacidad.

La situación crítica que atraviesa el capitalismo, donde parecería que ya no es un sistema económico y social viable y que llevó a Immanuel Wallerstein a sostener que “la actual es la última crisis del capitalismo, ya que se ha iniciado su final”; llevará probablemente a los pueblos a encontrar el camino cuya perspectiva y resolución derive en una sociedad más justa y equitativa, ya que el problema no es la crisis del capitalismo, sino el capitalismo mismo. Esta propuesta contestataria incidirá decisivamente a futuro sobre el proceso productivo, los encadenamientos laborales, la relación entre el sujeto y la estructura, la familia, la forma de gobierno y la cultura. Permitirá enfrentar, sin caer en un maximalismo abstracto y sin aferrarse a viejas estructuras ideológicas dogmáticas, la opresión política que actúa bajo el manto de la democracia formal

La facultad de realizar transformaciones económicas y políticas en la sociedad, hace que prevalezca a futuro una concepción diferente sobre la naturaleza. Deben tratar de evitarse los pasivos ambientales, la pérdida de la biodiversidad, la deforestación de los bosques nativos, la erosión de los suelos, el uso indiscriminado de agroquímicos y la presencia de los gases de efecto invernadero, que llevan a la destrucción de los ecosistemas y la vida en el planeta, porque el paradigma ecológico es inseparable del paradigma social. El cambio climático ya no es una cuestión que afecte únicamente a las futuras generaciones; también las poblaciones que hoy habitan el planeta están sufriendo sus consecuencias. Actualmente, es cada vez mayor el número de refugiados ambientales que buscan guarecerse y cambiar de hábitat por las sequías y las inundaciones, surgidas como consecuencia del continuo incremento del nivel del mar. Estos desastres son antinaturales y continúan en aumento. Por estas situaciones, trece millones de personas mueren cada año en el mundo, debido al deterioro del medio ambiente. Este conjunto de calamidades demuestra que el capitalismo está derivando inexorablemente en una profunda crisis civilizatoria.

Se debe agregar la tragedia de millones de refugiados que se agolpan a las puertas de Europa. Ernest Urtasun (Eurodiputado por Iniciativa Per Cataluña Verds) señaló que, según ACNUR, la Agencia de la ONU para los refugiados, durante 2015 ya habían huido de su hogar 11 millones de personas, escapando de la terrible guerra que se desarrolla en Siria, como derivación de las intervenciones imperialistas y los enfrentamientos inter-étnicos e inter-religiosos. La respuesta de los gobiernos europeos ha sido la xenofobia, el fortalecimiento de las fronteras nacionales, la construcción de verdaderos campos de concentración, las alambradas de púas y los muros, que intentan impedir por todos los medios la llegada de los refugiados por la ruta de los Balcanes. La crisis de los refugiados ha demostrado el nivel de bancarrota política de Europa y ha revelado su verdadero rostro en su expresión más dramática: una mezcla de impotencia, falta de voluntad, egoísmo, arrogancia, cinismo y decadencia.

La esencia de la dominación múltiple que ejerce el sistema capitalista, coincide con la formulación que realizó István Mézáros cuando caracterizó a la civilización del capital sosteniendo que: “El capital no es simplemente un conjunto de mecanismos económicos, como a menudo se lo conceptualiza, sino un modo multifacético de reproducción metabólica social, que lo abarca todo y que afecta profundamente cada aspecto de la vida, desde lo directamente material y económico hasta las relaciones culturales más mediadas”. (1)

Los efectos larvados de una economía mundial estancada que reconoce episodios multiformes, más las formas de dominación política del capitalismo, que han roto las viejos modelos basados en el consenso o contrato social, llevan a considerar que “el carácter mundial de la crisis no borra las peculiaridades nacionales o regionales.

Resulta necesario entonces, contextualizar aquellos conceptos teórico-críticos señalados por Marx que mantienen total relevancia contemporánea: explotación económica, exclusión social, opresión política, alienación individual y colectiva, con el propósito de sistematizar las múltiples perspectivas de lucha y las demandas emancipatorias de los trabajadores. La lucha de clases tiende a polarizarse conforme se profundiza la crisis económica, y se revela como una crisis social, política y ambiental que se agudiza por las condiciones que impone el declinante patrón de acumulación capitalista. La obra de Marx, por su carácter universal y su aguda explicación acerca del funcionamiento del capitalismo y sus crisis, representa un marco de análisis indispensable para la comprensión de la realidad política y económica.

Asimismo resulta ser una base ineludible para encarar una crítica radical de las relaciones sociales capitalistas, que se siguen rigiendo por las mismas leyes y los mismos principios que en tiempos de Marx, quien había participado en los movimientos revolucionarios que debatían las ideas del socialismo.  La implosión de los regímenes burocráticos ofreció la posibilidad de releer a Marx, derrumbando el muro creado por ese marxismo petrificado en su ideología, situación que permitirá enfrentar los nuevos desafíos intelectuales y la praxis política del capitalismo contemporáneo.

Por la crisis del capitalismo, los asalariados del mundo entero fueron puestos en competencia directa, porque el capitalismo actual es ante todo un capitalismo mundializado y súper explotador. Por lo tanto, las políticas que puedan adoptar los trabajadores deben ser universales. Tienen que atravesar al capitalismo en su conjunto, restableciendo alianzas entre fuerzas anticapitalistas del centro y de la periferia, partiendo de analizar al sistema como un todo.

A escala mundial los trabajadores asalariados son hoy más numerosos que en cualquier otro momento histórico (de 1500 millones de trabajadores activos se pasó a 3500 millones con el ingreso de China a la OMC). Pero la realidad actual de la clase trabajadora indica que es mucho más heterogénea que durante los años del marxismo clásico, entre otros motivos por las diversas formas de explotación que tiene el capital. Se puede incluir dentro de esa heterogeneidad: la dispersión de los ingresos, la flexibilidad laboral, la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres, la desigualdad entre blancos, negros e indígenas, la violencia ciudadana, el narcotráfico, las migraciones internas, y muchos otros etcéteras. Esta nueva división internacional del trabajo se está desarrollando principalmente en EE.UU., Europa y Japón, con un rol menor en los NICs, (países del este de Asia) y la costa este de China.

La reorganización de las estructuras de acumulación está produciendo una notable recomposición de la clase obrera, dentro de su heterogeneidad. Es similar, en escala, a las recomposiciones que ocurrieron en la última mitad del siglo XIX, cuando la industria pesada comenzó a superar a la industria textil como centro de acumulación y a los años de entreguerras, cuando la industria liviana empezó a avanzar hacia el centro de la escena. Por otro lado, la producción del sector servicios tiene una importancia creciente. Involucra formas de trabajo muy similares a las de la industria y el capital intenta recortar los costos laborales, produciendo una creciente proletarización de sectores que tradicionalmente se consideraban de “clase media”. Las teorías sobre la “sociedad postindustrial” se vuelven así una excusa para sostener una estrechez de miras y de acción, que intentan ignorar a la gran mayoría de la clase trabajadora.

En tanto los sectores subalternos no cuestionen las relaciones de explotación capitalista, la crisis no solo perdurará sino que estará destinada a repetirse, más allá de algunos momentos de crecimiento que permitan resolver temporalmente las contradicciones inherentes al modo de producción capitalista. A los trabajadores les cabe forjar un proyecto contra hegemónico, con el que se torne posible estimular nuevas experiencias de lucha política y social, en un contexto de complejización creciente de la lucha de clases. El pueblo trabajador tiene entonces la enorme tarea de constituirse en sujeto político y social, situación que se irá redefiniendo en las luchas por construir poder popular. Es decir, que deberá constituirse en el dueño de su propia política y en el dueño de su proyecto político, teniendo en cuenta siempre que solo las condiciones objetivas no construyen el sujeto político. De esta forma, “podrá organizar para el nuevo régimen económico a todas las masas trabajadoras y explotadas” (Lenin). En este sentido, es fundamental que los trabajadores logren desarrollar su conciencia crítica, originando las condiciones para luchar por el poder y recrear los movimientos anticapitalistas de masas. Este principio va más allá que las crisis económicas y la madurez de las condiciones revolucionarias no coincidan necesariamente. Esta posibilidad dependerá también de su capacidad para actuar políticamente, superando la lucha gremial para componer espacios formativos dentro de un amplio abanico de actividades, que permitan la sistematización de los métodos de organización de base y el desarrollo de un programa de transición revolucionario.

Con el desarrollo de la conciencia crítica de los asalariados, más el crecimiento de los instrumentos políticos que permitan abrir las posibilidades emancipadoras de los sectores subalternos, se podrá sostener una lucha estratégica con un contenido clasista y antiimperialista, que se irá redefiniendo en las luchas, superando las consecuencias de las derrotas de las experiencias revolucionarias del siglo pasado. Si bien esta lucha no tiene un final anunciado ya que, como señaló Gramsci, solo se puede prever la lucha y no sus resultados, es imprescindible que la creatividad de las masas pueda acometer su propia emancipación, con una organización desde abajo con comités unitarios que se traduzcan en un movimiento con perspectivas políticas y de poder, con los pueblos gobernando y decidiendo sobre su destino.

El poder popular debe desarrollarse desde sujetos reales y desde los espacios económicos concretos. Por esta razón, las experiencias del poder popular adquieren fuerza revolucionaria cuando surgen desde los asalariados y los trabajadores en general, ya que sus resistencias amenazan directamente la reproducción del capital. En definitiva, el futuro de la humanidad dependerá de las luchas que lleven adelante los sectores subalternos para lograr su liberación, situación que se producirá y resolverá más allá del capitalismo. Sin ninguna duda que la tarea es gigantesca y ardua, pero es el único camino que llevará a la liberación definitiva del ser humano.

(1)     Mézaroz Itsván – “La Teoría Económica y la Política más allá del Capital” – Diciembre 2002

*Alberto Wiñazky, economista, escritor, miembro del Consejo Editorial de Tesis 11.

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